Cómo puede entenderse la posición de partido independiente, dentro de las reglas del estatuto de la oposición (Ley 1909 del año 2018); al no ser partido de gobierno o de coalición, y no ser oposición para ejercer control político.
Podría entenderse que el independiente queda a la espera de definirse más adelante para no estar en el limbo de ser o no ser; o se puede entender que entra en el campo del centrismo político; o en el ámbito del oportunismo en espera de guiños con cuotas ministeriales y administrativas.
El partido Liberal comunicó que se declara independiente, Cambio Radical, hizo lo mismo y el partido de la U se dividió en dos sectores, uno de coalición con el gobierno y el otro como independiente.
Los tres partidos para la segunda vuelta adhirieron al candidato Iván Duque, del Centro Democrático, fueron Santistas durante 8 años y al hundirse las candidaturas de Vargas Lleras y de Humberto De La Calle, abandonaron de inmediato el ideario santista; pero con el despegue del nuevo gobierno no fueron vinculados a la administración y deciden el camino de la independencia: quedaron desnudos ante el país entero.
La división en el partido de la U es más grave, vivirán una tragicomedia; unos reclaman sibilinamente cuotas para ser parte del gobierno y los otros se embarcan en la ambivalencia: ser independientes y ver deshacerse el partido.
La oposición seria tiene la función de controlar, denunciar, criticar, cuestionar y evidenciar los errores del Gobierno; pero debe ser racional, ponderada, lógica, para precisamente corregir; de esta forma le sirve a la Democracia porque endereza o evita el mal gobierno.
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