Rosa María Agudelo

La tierra en campaña

Rosa María Agudelo

Las declaraciones de Francia Márquez sobre la relación “esclavista” que mantienen los ingenios azucareros con sus empleados profundizó la preocupación de los empresarios vinculados a esta agroindustria del Valle. Actualmente, la caña genera en el Valle 300 mil empleos distribuidos en 9 municipios. En este aspecto, Colombia tiene un antecedente que vale la pena analizar. En 1961 se creó el Incora, entidad que se liquidó en 2003. Durante mi infancia escuché historias sobre fincas que habían sido “Incoradas” para entregárselas a campesinos e indígenas en el Cauca. Una de ellas, ubicada en las laderas del volcán Puracé, convertía al Cauca en uno de los principales productores de papa del país. Mis abuelos hablaban de la productividad de esa finca y por años lamentaron su desaparición por la pobreza en la que se había sumido la zona. ¿Qué pasó con los minifundios en los que se dividió la finca? ¿Por qué la zona dejó de ser líder en la producción agrícola? Como esa finca, entre 1962 y 1999, el Incora redistribuyó 1.8 millones de hectáreas. Un informe realizado por la Cepal en el 2003 arrojó que solo el 8% de esas tierras se habían destinado a la agricultura. El informe llamó también la atención sobre la baja generación de empleo en las fincas de beneficiarios (13.5 jornales/ha/año), en comparación con los estándares de la agricultura colombiana, (entre 40 y 50 jornales/ha/año). En uno de los apartes el informe indica que dotar de tierras a aparceros no tuvo el impacto deseado y, por el contrario, significó un retroceso y un empeoramiento de la situación de los campesinos. Bien vale la pena analizar esta historia y ver los resultados para decidir sobre bases ciertas las políticas de Estado en torno al desarrollo agroindustrial de Colombia.

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