Así se llamó la decisión de los nazis de exterminar al pueblo judío. Las circunstancias de esta narración son diferentes a tan abominable acto, pero fue el nombre que se me vino a la cabeza cuando intenté molestar a mi madre por un problemita.
“¿Y ese perrito?” Les pregunto a ella y a una de sus amigas presentes cuando llegué de visita a su casa. El gozque, que tenía un collar con una correa de paseo atada a la reja de la entrada, no deja de mirarme.
“Es una perrita que se perdió y me la trajeron ayer unos vecinos… No sé qué hacer ¡Yo ya no quiero perros!” Se queja mi mamá ojeando a su amiga mientras me sirve un café en la mesa de la cocina.
Tomo el primer sorbo con cuidado de no quemarme, observo al animalito y luego las miro a las dos. “Un amigo tuvo un problema parecido” Les cuento.
“Tenía una yegua que había comprado para que su hijo practicara equitación, pero resulta que cuando el chino creció, ya no quería montar en caballo sino en otra cosa”. Me río. Ellas me imitan y siguen atentas.
“Él no sabía qué hacer. Estaba molesto con los gastos de establo, medicinas, alimentación, etc… Y entonces… Se le ocurrió una idea”. Mi madre y su amiga estaban ansiosas escuchando.
“Llamó al zoológico y preguntó si necesitaban alimentar a los leones. Y… ¡Santo remedio! Le mandaron hasta camión”. Atónitas ellas me lanzan una feroz mirada de desaprobación.
“Doña Graciela” gritan en la calle… “¡Apareció el dueño!”.
Encojo mis hombros, les sonrío a las dos y termino mi café.
Por: Rodrigo F. Chois
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






