No hemos terminado de discutir la reforma a la salud y ya se avecina la laboral.
Sin duda, con muchos elementos que harán más pesada la carga para las empresas.
Generar empleo en Colombia no es fácil.
La informalidad laboral es uno de los principales problemas de la economía y la reforma no lo ataca, por el contrario, podría profundizarlo.
Es importante tener en cuenta que en nuestro país la mayoría de las empresas son micro y pequeñas, empresas que luchan cada mes por mantenerse a flote con bajas rentabilidades.
Cualquier aumento en sus costos fijos dificulta su operación.
La disminución en la jornada laboral, el aumento de los recargos nocturnos y los dominicales aumentaran los costos que serán compensados con la supresión de algunos puestos de trabajo. Este es un elemento complejo en la reforma, pero no el peor.
Lo más complejo es la radicalización en las formas de contratación eliminando los contratos por labor o a término fijo que permitían contratar personal por periodos limitados, pero con todos los beneficios prestacionales.
Este tipo de contratos tienen en cuenta la estacionalidad de las ventas y por lo tanto de la producción.
Las empresas requieren un equilibro entre costos fijos y variables que garanticen su viabilidad financiera.
La reforma también dificulta la cancelación de contratos, eliminando incluso las indemnizaciones cuando la terminación es sin justa causa.
La reforma convierte los contratos laborales en vitalicios más que indefinidos.
Estamos ante una situación económica en la que va a ser mejor poner los recursos en productos financieros que arriesgar los capitales manejando empresas.
Definitivamente, de buenas intenciones está plagado el camino al infierno…
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