Cuando se analizan las cifras oficiales de la producción del oro en el país del año pasado de 47.6 toneladas, lo que significa un 29.9% más que en el año inmediatamente anterior, se genera una gran expectativa por lo que representaría para la economía nacional la operación aurífera en términos de pago de regalías e ingresos fiscales para la nación.
Pero, si revisamos lo que aparece reportado en materia de exportaciones no coincide o, por lo menos, genera duda frente a lo que efectivamente salió del país a otros mercados internacionales. Algunos lo explican como un rezago administrativo de exportación e inventarios y de producción ilegal no reportada.
Ahora bien, al revisar los resultados del primer trimestre de este año se registraron mayores volúmenes de producción en relación al mismo período del año pasado, de 9.53 a 11.71 toneladas. Números que representan $ 2.902.983.481 de dólares en el año anterior.
Cuando los economistas dicen que el oro fortalece las reservas internacionales de Colombia, son de vital importancia para su economía y que además producen un encadenamiento productivo para el empleo, constituyendo un ingreso fiscal relevante, la gran pregunta es: ¿Qué aporte real se hace a la nación?, teniendo en la cuenta, eso sí, que la minería ocupa a 350.000 personas de manera directa y a un millón en forma indirecta, aportando este metal precioso el 10% de las regalías mineras.
La cuestión es, entonces, hasta donde la exploración y explotación en el país de un recurso natural no renovable, que impacta negativamente al medio ambiente, produce bienestar y desarrollo a los colombianos a costa de su sostenibilidad ambiental.
Creo que el punto radica en la manera técnica de cómo se está haciendo la minería en nuestro país, puesto que, siendo este un sector prioritario para la agenda del gobierno nacional, se requiere cambiar el modelo del desarrollo tecnológico para la explotación por la alta toxicidad que se transmite a la cadena alimenticia, produciendo graves problemas de salud, al igual que daños al sistema nervioso con consecuencias fatales para el cerebro.
Se deben buscar alternativas como el uso del borax, conocido como borato de sodio, que en países como India mejora significativamente la captura del metal, es más económico y además no produce efectos adversos sobre la salud y el medio ambiente.
Es hora de pensar en la manera de mejorar las condiciones de las comunidades mineras informales y ancestrales, sustituyendo el mercurio, ofreciendo planes de financiación y promoviendo la legalización para implementar un nuevo modelo de minería sostenible, que le sirva tanto a los informales como a las empresas productoras legalmente constituidas y a las exportadoras, aportando regalías e impuestos para el fortalecimiento de las rentas de la nación, para que se traduzcan en beneficios reales para la ciudadanía.
Abrir el debate sobre lo que representa social y económicamente el aporte de las regalías del oro a los colombianos es una necesidad para valorar nuestros recursos naturales y para hacer más eficientes las tareas del Estado en materia de producción minero ambiental.
Comienzo por proponer la creación de una empresa estatal para la exploración y explotación del oro en Colombia, que al igual que Ecopetrol, administre sus propios recursos y presente resultados concretos; de tal manera que el oro no sea solo una ilusión.
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