Los actos solemnes son más significativos cuando se enaltecen con íconos y emblemas que correspondieron a grandes hombres y momentos históricos.
Frente al significado de la espada del Libertador comprendemos que no podía quedar reducida a pieza de museo.
Eso explicará por qué engalana la posesión de Gustavo Petro.
El solemne acto quedará fundamentado con historia de dos siglos e impregnado del ideario bolivariano. La espada durante varios años permaneció desenvainada porque quienes la sustrajeron de la Quinta de Bolívar, consideraron que la regresarían envainada a su lugar el día que cumpliera su misión liberadora.
Antes del 7 de agosto, curiosamente, hallamos un encuentro que lo precedió el 24 de junio, cuando el presidente saliente, Iván Duque, su oponente oficial, como gesto de amistad, en su visita al Palacio extrañamente le mostró a Petro la espada de Bolívar.
El arma patriota que el M19, mediante la acción simbólica de un comando dirigido por Bateman Cayón y Álvaro Fayad, el 17 de enero de 1974, la sustrajo rotativamente y durante varios años estuvo custodiada por sus dirigentes.
Esa vez en un comunicado de una página con el logotipo “Con el pueblo con las armas al poder”, el M19 publicó el mensaje: “Bolívar pueblo. Bolívar nuestro. Vuelve a quitar el sueño al opresor. A despertar al oprimido. Su espada empezó ya sus nuevos combates. La espada libertadora está ya en manos del pueblo”.
Pero diecisiete años después, en febrero de 1991, como garantía de que la organización había depuesto las armas para incursionar en la vía democrática de Colombia, el M19 devolvió la espada, aunque en su momento hubiese anunciado que sólo la retornaría a su lugar el día que el pueblo se tomara el poder.
El símbolo fue llevado en custodia a una bóveda del Banco de la República.
Por eso la lectura que se le hace al nuevo rumbo de la espada es significativa, de estar guardada entre la riqueza, pasa a engalanar el recinto de un buen gobierno.
Con el triunfo del Pacto Histórico, el 19 de junio de 2022, Petro demostró que el pueblo también podía ganar el poder a través de la vía pacífica.
Su posesión será histórica por los antecedentes insurgentes y su ideología progresista, nacionalista, humanista, que en la contienda democrática se configuró en un pacto histórico de fuerzas convergentes.
Petro convenció que no era aquel monstruo que advertían sus contradictores por el INRI de haber militado en la insurgencia.
Ellos ocultaron que concedida la amnistía y el grupo se transformó en el partido político Alianza Democrática y coparticipado en aprobación de la Constitución Política de 1991, Gustavo Petro emergió en el nuevo escenario político, destacándose como el congresista que denunció con vehemencia la infiltración del paramilitarismo.
Los enemigos callaron que otros jefes del M19, fueron bienvenidos en el Centro Democrático.
Sus enemigos intentaron atravesársele responsabilizándole de la toma del Palacio de Justicia y sindicándole del secuestro del animador Fernando González “Pacheco”.
Fracasaron con sus vergonzantes argucias “judiciales”. Pretendieron descalificarlo provocando miedo vociferando que convertiría a Colombia en otra Venezuela, que los empresarios abandonarían el país y que su gobierno expropiaría nuestros bienes.
Pero desde el 19 de junio, con su discurso de agradecimiento a los colombianos, complementado en las semanas de empalme con acciones hacia la unidad y con la designación de quienes serán sus ministros, desvirtuó las calumniosas mezquindades, reafirmó la confianza, convocó a la paz y anunció un gobierno popular empeñado en acabar con las desigualdades sociales.
La espada del Libertador, con Petro dejará de ser pieza de museo.
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