Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Apologías y rechazos

Jóvenes virtuosos e ilustrados

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Al cumplirse, el próximo 29 de enero, el bicentenario del Colegio de Santa Librada, dedico estas reflexiones a mis exalumnos y a los actuales estudiantes libradunos.

Así mismo, las dedico a mis colegas por los años de docencia que conjuntamente ejercimos en sus aulas.

Este momento de la historia libraduna, más que reconstruir una edificación, se dictaminará con la cimentación de su realidad académica, la misión social, el liderazgo administrativo, sus principios rectores y el bienestar colectivo institucional.

Las primeras instituciones educativas republicanas, forjaron nuevas generaciones germen de la democracia colombiana, funcionando en viejos monasterios donde habitaban en oración unos pocos frailes y que fueran expropiados como bienes de manos muertas.

La historia de Santa Librada, que se inició en el viejo convento de San Agustín, sobre la calle 13, demuestra que contribuyó a la conformación de la república porque en su claustro se educaron juventudes no sumisas y con ideales libertarios.

Varios contemporáneos que nos profesionalizamos hace cuatro décadas en la Universidad Santiago de Cali, con cariño cada vez que pasamos por ahí y miramos la vieja casona de la calle séptima, añoramos al rector Álvaro Pío Valencia, al vicerrector Estanislao Zuleta y sus maestros que fueron unos verdaderos sabios de la cátedra.

La Santiago de Cali fue entonces el epicentro del debate que institucionalizó el primer cogobierno universitario en nuestro país, mientras los bachilleres de Santa Librada fueron los protagonistas del 26 de febrero de 1971, marchando para salvar la educación pública colombiana.

Los consejos estudiantiles de entonces no estaban reglamentados mediante una ley, pero vimos que en Santa Librada se forjaron verdaderos líderes estudiantiles, siendo reflejo del ejercicio de la cátedra libre durante administraciones de rectores fundamentados en la democracia institucional.

En mis cuatro décadas de docencia, tuve la suerte de servir los últimos años de ejercicio pedagógico en Santa Librada.

Era rector Ramón Ignacio Atehortúa Cruz y puedo testimoniar que fomentó un ambiente democrático, además porque como historiador sabía que su principal compromiso, como continuador de sus ilustres antecesores, era garantizar la cátedra libre, la democracia institucional y el pluralismo ideológico.

Con pocos días de diferencia decidimos nuestros dos retiros, él como rector y yo como profesor de literatura.

No sé si ese legado siga vivo en el claustro. Al cumplir un bicentenario el Colegio de Santa Librada y al añorar que alguna vez también repartí saberes en su claustro, mi mayor deseo, más que sólo lograr la reconstrucción de su edificación, es que jamás apague la luz de la ciencia, ni que la llama de la democracia sea relevada por la autocracia.

Que continúe el legado que permite reseñar en su historia de egresados a presidentes de la república: Eliseo Payán, Jorge Holguín, Manuel María Mallarino; ilustres escritores, Eustaquio Palacios, Mario Carvajal, Enrique Buenaventura, Jota Mario Arbeláez; hombres de ciencia, Evaristo García; artistas, Antonio María Valencia; comentaristas deportivos, Mario Alfonso Escobar.

Aspiro, como se demostró en décadas anteriores, que la visión pregonada el 29 de enero de 1823 por Mariano del Campo Larrahondo, su primer rector, sea reivindicado como pensamiento emblemático: “Necesita la república de jóvenes ilustrados y no ignorantes, de jóvenes virtuosos y no fanáticos, de jóvenes patriotas y no egoístas”.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar