Hay Festival

Leonardo Medina

Salvo contadas excepciones, cada fin de enero, me instalaba en Cartagena de jueves a domingo a disfrutar, como estudiante aplicado, los conversatorios del Hay Festival.

Su variedad, sus invitados, el ambiente, el manejo del tiempo en cada conversatorio, hacen de ese encuentro un espacio propicio para el cultivo del intelecto. Algunos lo han calificado light, y puede serlo en algunos momentos, de resto, es un foro estructurador para quienes somos obsecuentes a las letras.

El año pasado sonaban ya voces en los taxis, en los asistentes, de que en una ciudad lejana había surgido un virus, por comer murciélago, decían. Aún no se sentía el estrago del imperceptible.

Este año correspondió sentarnos frente al computador o televisor, en algunos diálogos, (gracias a Telepacífico y a su gerente Ricardo Bermúdez) para conocer el pensamiento, las ideas, la opinión, de los escritores invitados al Hay Festival, dado que el virus no nos deja estar juntos.

Observar a Juan Gossaín conversar sobre el vallenato con Carlos Vives fue un banquete excepcional. A Juan Gabriel Vásquez con Sergio Cabrera, sin palabras, entre tanta agenda interesante que se estructuró como cada año.

No es igual, pero nos correspondió un momento histórico inesperado. La cultura sigue animándonos, reflexionando sobre lo que ocurre y tal vez avizorando nuevos horizontes, que se perciben menos aciagos, aun en la adversidad.

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