Reconozco muchos logros en la actual administración de la ciudad, pero un interrogante me ronda hace ya bastante tiempo.
¿Quién controla el ruido o la contaminación auditiva en la ciudad? Parece que el DAGMA y la Secretaría de Gobierno se han desentendido de su labor en este sentido, descargando todo en la Policía de Convivencia y ello trae muchos inconvenientes y limitaciones.
Cali es una ciudad rumbera y quienes se viven en onda de tal…pisotean totalmente el derecho al descanso, el silencio y la paz, que tienen sus vecinos.
Derecho reconocido en la Constitución Nacional. Las administraciones públicas en todos los niveles: Nacional, Departamental o Municipal son las encargadas garantizar el cumplimiento de estos derechos.
En Cali, múltiples locales y establecimientos violan permanentemente el derecho a la tranquilidad.
Hay suficientes estudios y declaraciones por parte de estudiosos urbanistas y de psiquiatras que demuestran lo dañino que es el ruido ambiental para la salud física y mental.
En mi opinión hace falta una política de fondo que como en las grandes capitales del mundo garantice la eliminación de la contaminación acústica.
Debe haber leyes o acuerdos municipales que no autoricen espacios de rumba, música o entretenimiento si estos locales o espacios no están debidamente insonorizados, cosa que es perfectamente posible y deseable.
Para lograr esto debe existir una oficina específica –como la hubo alguna vez en el DAGMA– que se ocupe exclusivamente de estos seguimientos.
Solucionar sólo desde las quejas o situaciones de emergencia no es una salida real. Es necesario y urgente revisar los usos del suelo y sobre todo no autorizar espacios abiertos para música, sólo espacios insonorizados.
Me voy a referir a tres ámbitos muy distintos de la ciudad en los que se puede constatar la limitación del modelo que nos rige en este sentido:
El primero de ellos: Distrito de Aguablanca, Barrio Marroquín I: Carrera 26 P 5 con Calle 80. Los vecinos han ensayado todo tipo de quejas contra el establecimiento llamado: FANTASY 3, un híbrido entre discoteca y tomadero de licor que aturde con sus decibeles al vecindario.
No ha habido respuesta. En este momento cursa sobre el caso un Derecho de petición.
El segundo de ellos es en el Barrio El Jordán (Sector amplio de Meléndez), la Discoteca que ha cambiado de nombre recientemente y que está ubicada en la Carrera 94, N° 2ª-50.
Igualmente contra la estridencia de este local se han ensayado muchos recursos, en ocasiones se han atendido, pero hace ya más de un año que el volumen de su música medio-sicodélica, los jueves viernes y sábado es intolerable.
Y lo que es claro es que el cuadrante de la policía no responde jamás, no atiende los llamados, ni hace bajar significativamente el volumen.
El tercer caso es en un sector residencial de la ciudad: Barrio Granada, Cali. En la Calle 14 Norte, N° 9-31 hay un local indeterminado que se llama: La Era Acuario.
En este momento ya la Secretaría de Seguridad y Justicia está actuando sobre él; pero hasta el pasado viernes 15 de Mayo aturdieron al barrio con una especie de música sin melodía que hacía vibrar todos los cristales. Y el cuadrante de la policía no respondió nunca a los sucesivos llamados.
El acceso de los ciudadanos a las posibilidades de quejas y las respuesta por parte de cualesquiera que sean las autoridades debe ser mucho más fácil, amable y eficaz. Muchas veces se exige poner denuncias en páginas WEB que no funcionan.
Ojalá el señor Alcalde tome medidas permanentes.
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