Gracias, señor Presidente

Rodrigo Fernández Chois

Mi sentimiento de frustración después de que el anterior gobierno desconociera el plebiscito fue mayúsculo.

Confieso que había perdido la fe en la democracia que nos regía y de la que me había complacido hasta aquel conejo.

Sin embargo, con la elección del presidente Duque y ahora con su posición de objetar seis de los 159 artículos de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP; la esperanza de que se materialice la voluntad de las mayorías ha renacido.

Si bien son materia de objeción temas cruciales, mi fervor obedece concretamente al que compete a la exclusión de los delitos sexuales contra niños, niñas y adolescentes de la justicia transicional. Como apuntó el Presidente: “Nada, ninguna ideología, justifica la aberrante agresión a los más vulnerables de la sociedad”.

La fortuna me ha hecho estar toda mi vida rodeado de mujeres.

Mis hijas, mi hermana, mi mamá, para quien sigo siendo su “niño”, y los no centenares sino miles de mujeres a las que he tenido la linda oportunidad de servir, todas ellas me han permitido desarrollar un especial efecto.

Por esta razón me parece despreciable cualquier conducta que atente contra su integridad, y más aún, que se pretenda justificar actos atroces con posturas ideológicas para garantizar impunidad.

Existen muchas conductas delictivas que merecerán pena no sólo por el castigo en sí sino como acto ejemplarizante.

Pero en el caso de las violaciones permítanme citar al Quijote: “Algo va de Pedro a Pedro.”

Como será esto de cierto que lo saben hasta los mismos reclusos quienes suelen dar especiales bienvenidas a los violadores que aterrizan en sus celdas.

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