A raíz del hermoso triunfo de la selección de nuestra selección femenina de fútbol sobre el poderoso equipo alemán, el presidente Petro trinó que en esa victoria se “reflejaba el presupuesto que el gobierno le asignaba al deporte colombiano”, a lo cual respondió, también con otro trino, la jugadora Carolina Pineda, preguntando al mandatario “a cual presupuesto se refería.” Clarito. Hoy no hay incentivos de parte del ministerio respectivo, al deporte nacional.
Poco importa el renglón deportivo, que es el que, de alguna manera, nos brinda los mejores calificativos en el ámbito internacional.
También recordamos cuando el hermano del presidente, en plena campaña electoral, fue descubierto visitando cárceles para dialogar con narcos y guerrilleros y, según se dijo, comprometiéndose a buscar su liberación, lo que, debido al escándalo nacional que suscitó ese “pequeño esguince”, no ocurrió. Claro, algún genio propuso crear los “gestores de paz” como una forma de cumplir con una “promesa” de campaña, supuestamente. Sin embargo, el presidente solicitó a la fiscalía general, si hubiese motivos, investigar a su hermano, situación que todavía no ha ocurrido, como una demostración, vaya uno a saber, de que don Gustavo “no estaba enterado de semejante entuerto”.
Y, como si fuera poco, el hijo mayor del presidente, escogido por su padre como jefe de debate en su campaña en la Costa Atlántica, se enreda en semejante lío de recibir dinero ilegal, destinado a las arcas de la campaña presidencial pero que, no llegaron al destino escogido por sus “benefactores”; por el contrario, fue aprovechado para “uso personal” del hijo, lo que causó la reacción del padre, pidiendo también al fiscal general, investigarlo si era del caso.
Complicado para la gobernabilidad del papá pero también un dañino ejemplo más, sobre todo para los jóvenes, de querer “vivir sabroso” con lo que no es de uno.
Sin embargo, ocurrió lo inesperado: el presidente, tal vez en un acto desesperado, por tratarse de su hijo mayor o por temor a lo que “cante” por lograr un principio de oportunidad, envía a la Corte Suprema la terna para reemplazar, seis meses antes de que venza el período del fiscal Barbosa, compuesta por tres conocidas damas que alguna vez investigaron hechos sensibles para la patria, en las que los culpables fueron, según ellas, los contrarios a los verdaderos responsables de los mismos.
Se dice, igualmente, que las tres son de ideología izquierdista, lo que no deja de ser preocupante para el buen funcionamiento de la justicia nacional.
Como dijo el Papa Francisco en su última visita a Colombia: “No perdamos la esperanza y la alegría”. No relacionemos este caso con el célebre proceso 8.000, que, igualmente, produjo desazón y rabia.
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