Ganó El Lido, ganó Cali

Juan Felipe Murgueitio

Un sentimiento común en Cali es el de impotencia. Impotencia frente a lo público, frente a las decisiones que se toman por y para la ciudad, frente al actuar de funcionarios y agentes, frente al destino en general.

Se siente como si nos lleva la marea de un lado a otro sin mayor posibilidad de remar por nosotros mismos, y de eso se ha encargado una parte de la clase política a lo largo de nuestra historia. Pero a veces tenemos rayos de claridad, de esperanza. Esas ocasiones en las que ciudadanos se organizan para defender una causa, y lo logran, valen oro.

Ese fue el caso de los ciudadanos del barrio El Lido, vecinos que, después de luchar 4 años por sus derechos al goce de un ambiente sano y la tranquilidad, lograron la suspensión de eventos masivos y ruidosos en la Carpa de la 50 a través de una acción popular. La decisión deja un precedente importante para los caleños: sí se puede pelear contra la marea, sí se puede generar toma de decisiones, sí se puede hacer justicia.

En un país como Colombia sucede que en ocasiones las instituciones no funcionan como deberían en favor de la ciudadanía. Para eso existen las distintas instancias de participación en la Constitución, y saberlas utilizar es una necesidad (y hasta un deber) para que exista la democracia efectiva.

Conocer esas herramientas, aprender a acceder a ellas y usarlas efectivamente es algo que le ha hecho falta a Cali, y es porque denota una situación cultural en nuestra ciudad: nos falta demostrarle amor a la Sucursal del Cielo.

Está en nuestras manos cambiar esto, decidir actuar por la ciudad y asumir nuestra responsabilidad cívica. La victoria de El Lido nos muestra que, si así lo queremos, podemos ejercer un control permanente y efectivo a las decisiones y situaciones estratégicas para Cali.

Tenemos la capacidad y el poder de influir en el presente y el futuro de la ciudad, de participar y exigir que las cosas se hagan bien. Podemos convocar a la institucionalidad, al sector privado, académico y cívico en cada proceso que requiera intervención de nuestra parte.

Podemos darle amor a Cali, amor que le ha hecho falta, amor que ya no tenemos excusa para no entregar. Porque si algo nos queda claro de lo que pasó en El Lido, es que ¡sí se puede!

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