Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Feria de usados

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los libreros de usados también merecen que se les valore patrimonialmente como se hace con los melómanos coleccionistas. En las ferias de Cali a los melómanos coleccionistas se les abre espacio para que interactúen con el público amante de la buena música. En esos encuentros pueden vender reliquias que dejaron de ser grabadas y sólo se adquieren usadas. Desde luego, que la promoción de escritores debutantes y de los nuevos títulos de los autores ya reconocidos, sea razón de ser en las ferias del libro, como la internacional que se aproxima del 21 al 31 de octubre de 2021, en Cali. Pero eso no es óbice para permitirnos a los lectores que también podamos buscar libros ya usados, por ejemplo, la primera edición de una obra literaria y, por qué no, cualquiera de las ediciones posteriores de aquellos títulos que no volverán a ser reeditados. El público asistente a los encuentros de melómanos es amante de la buena música y quiere adquirir sus grabaciones originales. El público que va a la feria internacional del libro es amante de la buena literatura, de la filosofía, de la historia, del arte, de la economía y demás ciencias, que busca libros no porque se lo exigieron en la universidad o a su hijo en una lista de textos escolares. Por eso cuando voy a una feria del libro y me preguntan “a la orden, ¿cuál obra busca?”, suelo responder “me seducen las viejas… las ediciones viejas. Eso no quiere decir que deseche las nuevas de hojas vírgenes. Durante décadas, cuando Cali sólo contaba con la Librería Nacional en la plaza de Cayzedo, de manera alterna hubo en nuestra ciudad otras librerías especializadas en usados, en libros de segunda, para ser más específico. Gracias al empeño de los libreros que estuvieron atentos de qué sucedía con las bibliotecas de los intelectuales que fallecían y cuyas familias no estimaban valioso el legado patrimonial heredado, varios lectores tenemos joyas bibliográficas, que ni se compran ni se venden, como el amor. En cualquier ciudad del mundo esas librerías son como los museos o anticuarios de libros que satisfacen a los “caza reliquias”. Comprobé que hay lectores buscadores de antiguas y primeras ediciones. A un amigo que me rogaba le vendiera mi “Historia de un deicidio”, de Mario Vargas Llosa, primera edición de noviembre de 1971, le enteré de la buena nueva de que cincuenta años después volvían a editarlo, con presentación similar y más barato, pero mi astuto amigo me pidió que hiciéramos un trueque, él me entregaría cinco libros nuevos a cambio de mi reliquia de hace medio siglo. Me advirtió que no se me ocurriera pensar que buscaba la edición antigua porque esta estuviera exenta del puñetazo del autor contra García Márquez. Creo que ustedes no necesitan explicación de mi renuencia a esa propuesta indecente. Cali no ha sido la excepción en la reutilización del libro. Recordamos las librerías de usadas pioneras, entre otras: La Negrita, la Feria del Libro, El Costeño, el Diccionario y Atenas. Su ejemplo fue secundado: Librería Atlas, Nueva Atenas, La Esquina del Libro, Libertienda y Librería España. Y qué decir de los tradicionales kioscos de Santa Rosa. Así como la pintura tiene curadores, los propietarios de estas librerías son verdaderos restauradores que después nos los ofrecen a los coleccionistas, como a Moisés salvado de las aguas. Las librerías de usados y las que son intermediarias entre las editoriales y los lectores que sólo compran libros nuevos, igualmente son establecimientos legales con razones sociales similares. POSDATA: Si usted tiene una joya literaria en su biblioteca, esté muy alerta en las visitas y no se vaya a embriagar en las tertulias.

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