Nada más noble que “Desfacer agravios, enderezar entuertos y proteger doncellas”… filosofía del loco más famoso creado, Don Quijote de la Mancha.
La primera y última pretensión gozan de menor grado de dificultad con respecto a la del medio.
¡Porque si hay algo en el Reino del Señor son los entuertos complejos!
La figura que se dedicaba a la tarea de enderezar entuertos era para los griegos una hermosa diosa con ojos vendados, espada en una mano y balanza en la otra.
Themis la llamaron y simboliza la Justicia. Y a los hombres dedicados a servirla los llamaron jueces.
Tarea difícil enderezar entuertos. Profeso temprana admiración por quien asume tal deber.
Recuerdo el caso del Rey Salomón cuando enfrentó al problema de las dos madres que disputaban un bebé recién nacido después de que un segundo naciera muerto.
“Cortad al niño por la mitad” sentenció el rey, fallo al que la verdadera madre se opuso concediendo su hijo a la falsa. La solución para enderezar este entuerto afloró.
Leo estos días sobre un entuerto que vale la sabiduría de Salomón. El caso -si es cierto, cosa que dudo- consistió en dos sujetos que llegaron a un hospital tras haber sufrido ambos la amputación de sus miembros.
La coincidencia ya es bastante absurda. Lo dramático es que el personal médico confunde los órganos y trueca los implantes.
El resultado, uno de los sujetos se convierte en un feliz poseedor de una herramienta mayor que la que tenía. El otro entra en crisis.
Como el primero no quiere someterse a una nueva cirugía, se hace necesario que un enderezador de entuertos intervenga.
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