Elogio de la dificultad

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Estanislao Zuleta en su “Elogio de la dificultad”, advertía que hay metas que parecen inalcanzables y paraísos afortunadamente inexistentes.

Cuando inesperadamente hubo que suspender las afortunadas clases presenciales debido al confinamiento obligatorio, comenzó la virtualidad inalcanzable. Pero los esfuerzos unificados de estudiantes, profesores, padres de familia y el Gobierno, afrontaron las dificultades.

Los padres de familia se acercaron y participaron más de los aprendizajes de sus hijos. Los estudiantes le hallaron utilidad a los dispositivos que antes les robaba tiempo con frivolidades. Los profesores modernizaron su ejercicio profesional.

Y el Gobierno en lo posible atendió la nueva realidad generada por la pandemia. La nueva modalidad educativa con la aplicación de la tecnología, en sólo siete meses logró avances no alcanzados en siete años. El nuevo proceso fue necesario en la medida que el Covid-19 avanzaba, para ser más precisos, digamos que aún avanza.

Si la pandemia todavía no se ha extinguido, ¿por qué ahora con actos administrativos pretenden imponer alternancias? Los niños volverán a las aulas en pequeños grupos y rotar turnados, pero cuando los colegios garanticen el derecho a la vida ofreciendo medidas de bioseguridad.

Gozar de salud y de la vida son derechos fundamentales. Por eso, para obligar el regreso de estudiantes y profesores, tendrían que haber mejorado las condiciones físicas de los colegios: sanitarios, lavamanos y espacios.

Es tendencioso pensar que el trabajo pedagógico sólo sea valorable con docentes y estudiantes metidos dentro de paradisiacas aulas inexistentes.

La virtualidad en tiempos del Covid-19 es una dificultad cognitiva que mejorará los procesos educativos post-pandemia. Elogiemos la dificultad.

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