Yolanda Reyes, narradora y ensayista, el pasado 22 de septiembre se acreditó el XVI Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil. Es un acontecimiento que merece muchas reflexiones. Van algunas mías. Es común que las obras de literatura infantil y los títulos ofrecidos a los adultos, en las librerías y en las bibliotecas públicas estén dispuestos en espacios aparte. Esa clasificación o especie de censura intelectual impuesta desde los anaqueles a veces impide que los niños accedan a libros cuyos autores nunca escribieron para sesgos discriminatorios por edades. Los chicos deslindan en sus gustos literarios y nunca esperan vía libre en los procesos de desarrollo intelectual.
Los adultos jamás nos despojamos por completo de ese niño interior con que nacemos los seres humanos. Lo comprobé con la lectura de los cuentos recopilados en El terror de Sexto B, de Yolanda Reyes, quien recreó en siete cuentos las vivencias de los adolescentes, tras observarlos en sus mejores años de educadora.
Cuando los alumnos de un grado, guiados por su maestro leen estos cuentos, inmediatamente en los recreos se las comparten y recomiendan a los amiguitos de los demás grupos del colegio.
El libro no necesita promoción porque conserva su impacto editorial por la pertinencia de las historias de vida y el seductor estilo narrativo. Yolanda recibe su sexto galardón “por la versatilidad de su obra y por su trayectoria caracterizada por una literatura profundamente humana”. Además de El terror de Sexto B, premio “Noveles Talentos” de Fundalectura en 1995, son nueve sus libros de cuentos y una novela juvenil.
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