Así muchos no crean, la partida temprana de Darío Gómez, el “Rey del despecho” me dolió.
Lo escuché en la adolescencia en Tuluá, cuando mi tía Omaira, que añoro cada día más, en un cassette repetía esas inolvidables canciones que generan lo que se ha llamado el despecho, el desamor, esa manera triste de olvidar los torrentosos caminos por lo que nos lleva el corazón.
Nunca fui a un concierto de Darío Gómez, pero siempre sabía, más o menos, dónde se presentaba, qué canción nueva de su autoría salía al mercado y hacía llorar en las cantinas a aquellos y aquellas (usando el lenguaje de género al que nos están llevando de manera extraña) por el amor que ya no fue.
Sus letras realmente tienen contenido y sus títulos más llamativos no pueden ser: “La tirana”, “La fiera”, “La indomable”, “El caso de dos mujeres”.
Rodrigo González y doña Ana se ríen porque alguna noche (con vodkas encima, que no suelo tomar), lloraba por la muerte de Simón Bolívar y el despiadado olvido de quien tanto sirvió en la gesta histórica.
Ahora que se ha ido Darío Gómez y me ha evocado el recuerdo de mis tíos inolvidables Orlando y Oriel, que partieron hace algún tiempo, me tomaré un güarito en la memoria de todos ellos, escuchando “Nadie es eterno”.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar





