El país que me tocó

Umberto Valverde

De entrada, Enrique Santos Calderón aclara: “Este es un libro de memorias, no es una autobiografía”. Por su apellido, por su familia, le tocó vivir experiencias únicas relacionadas con la política nacional y el periodismo. Su abuelo era Calibán. Estudió en la Universidad de los Andes. Llegaron los años sesenta con Jean Paul Sartre y Albert Camus, con los escritores americanos y el cine europeo.

Como dice Enrique, se pasó del “ron a la hierba, del beso al sexo, la conciencia política y el compromiso existencial, el viaje a la luna, la minifalda y la píldora, Marquetalia y Bahía Cochinos”.

A Santos le toca que vivir el golpe militar y el asesinato de Allende en Santiago. Se iba a entrevistar con él. Se instaló en El Tiempo, en esa época lo conozco a través de Oscar Collazos, y me publica en Lecturas Dominicales. Tiene contactos con el M-19, conoce a Gabo, se hace amigo de Bateman, fundan la revista Alternativa, amigo de la Revolución Cubana, descubre el vallenato, como todos los cachacos intelectuales, le toca desde todo la década de los ochentas, el terror del narcotráfico, la locura de Pablo Escobar, la muerte de su amigo Galán, conoce a Pablo, quien después lo amenaza, Gabo lo empuja a todos esos procesos, dice que Gabo es el más consecuente luchador por la paz de Colombia. Después, el problema de Samper, el distanciamiento con su gran amigo Daniel, y, por último, la presidencia de Juan Manuel, su retiro de El Tiempo. Para rematar todo el proceso de paz.

Como periodista que soy, me encantan estos libros, soy un cronista que se apasiona por la intimidad del poder, de las cosas, de la vida.

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