Hugo E. Gamboa Cabrera

La habilidad de un sofista

Hugo E. Gamboa Cabrera

El lunes 20 del mes en curso, muchos colombianos quisimos escuchar el último discurso de Gustavo Petro como presidente y cómo quedarían conformadas las mesas directivas del nuevo Congreso de la República, ante el rifirrafe entre el gobierno de Abelardo de la Espriella y el partido de Álvaro Uribe.

Este último tema lo dejo para dentro de ocho días, mediante Dios, pero, si quiero referirme a la intervención del mayor sofista de la historia política de nuestro país.

Si por algo se destaca el comunismo o la izquierda en el mundo es por ese uso magistral de la retórica y de los sofismas para engañar incautos, en este caso, a los colombianos que no poseen rigor académico o la capacidad innata de saber entender lo que leen o escuchan, es decir, compatriotas que tragan entero.

A estos es a los que se dirige Gustavo Petro, como hacían en su época Fidel Castro o Hugo Chávez, por mencionar algunos.

Los izquierdistas saben perfectamente que es a ese parte del conglomerado a los que convencen fácilmente, el que no entiende de cifras ni contenidos y, a la que le instalan en sus mentes promesas que no se cumplirán. Duele argumentar eso pero, que le hacemos, es innegable.

Casi siempre son mayoría. Por eso son utilizados para ganar elecciones o para tomarse un país a la fuerza, así se arrepientan cuando ya no hay nada que hacer.

Ese discurso falaz del señor Petro en la fecha antes mencionada, con televisión a bordo, ha sido la mayor mentira que un mandatario puede cometer sin sonrojarse.

Las cifras que mostró son una farsa que pueden derrumbarse con argumentos valederos.

Por eso al Dane no se le puede creer, pues el jefe es el mismo Petro y él decide cómo se deben publicar las estadísticas.

Lástima que el Congreso pretendió tumbarle sus mentiras con intervenciones de siete minutos y sin información clara y concisa.

Afortunadamente, Colombia se destaca también por tener gente inteligente, preparada, que sabe que el presidente Petro siempre se destacó por mostrar una personalidad distorsionada y una retórica que corcovea ante la realidad.

Afortunadamente, ese discurso del 20 de julio era para el circo, no para el país en general. Y vale destacar a la valerosa viuda de Miguel Uribe cuando le ripostó esa mentira de que “nunca persiguió a nadie ni mucho menos a la oposición”, diciéndole que ese asesinato fue “un crimen de Estado que usted presidente, no puede desconocer“.

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