Rodrigo F. Chois

El Amazonas

Rodrigo F. Chois

Fue por allá en los años ochenta cuando dos películas y un personaje suscitaron en mi niñez un ardiente deseo de conocer el Amazonas.

La película de terror Piraña, con el primer topless que verían mis ojos en pantalla, y Holocausto Caníbal, en mi concepto, la primera película a manera de falso documental que bien merece una nota aparte y la cual prometo escribir. El personaje al que hago referencia fue Kapax, un colombiano que se hizo famoso por nadar una distancia considerable en el río Amazonas.

Para mis ojos infantiles, era muy peculiar y motivo de reflexión el inmenso contraste entre este colombiano, que lucía una anaconda a manera de bufanda, y el elegante Tarzán del cual se enamoró una Jane, protagonizada por Bo Derek, en la película estrenada por la misma época.

Pasarían cuarenta años antes de que lograra satisfacer mi deseo. La inmensidad y majestuosidad del río Amazonas son, en verdad, indescriptibles.

Mientras contemplaba el coloso de agua dulce, no pude dejar de concluir que el tamaño comparativo de los ríos crece de forma exponencial. Del río Pance, pasando por nuestro río Cali al Cauca, hasta el Amazonas, no existe comparación.

Absorto en la contemplación me encontraba cuando el mismo Kapax, ya entrado en años, apareció y nos advirtió a un grupo de turistas sobre el inmenso daño que ha producido y que producirá la deforestación.

Escucho al sabio con atención y admiración. Mientras me tomo una foto con el antaño Tarzán colombiano, no dejo de pensar en lo terrible que debe ser tener la maldición de Casandra: ser conocedores de un peligro, como lo es Kapax, y que nadie escuche.

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