Gozar de una buena salud y tener acceso a la educación, son dos derechos fundamentales que el Estado deberá garantizarle a todos los colombianos.
Mientras los conocimientos humanizan, el estar sanos es factor determinante para desarrollar cualquiera de nuestras actividades sociales: trabajo, recreación, producción y educación.
Entonces se requiere de políticas interdisciplinarias entre los ministerios de Salud y de Educación, aún más, tratándose de la emergencia ocasionada por la pandemia.
Las decisiones administrativas que ordenen la alternancia deberán acogerlas estrategias sanitarias recomendadas por Minsalud y evaluar el estado de las plantas físicas en relación con la cobertura, soportado con estadísticas reales. La salud colectiva está condicionada a que se cumpla el distanciamiento social y las medidas de bioseguridad.
Llevamos doscientos años ensayando modelos educativos, pero sería nefasto jugar a la alternancia exponiendo la salud colectiva al pretender demostrar eficacia administrativa porque en pandemia se meta en las aulas a los docentes. Sin nombrar más docentes y rompiendo el confinamiento preventivo, no se enfrenta la pandemia.
¿Alternancia cuando están hacinadas las unidades de cuidados intensivos? Los colegios que no cuenten con suficientes docentes, donde unos atiendan las clases presenciales, mientras otros se conectan virtualmente con los estudiantes, les afectarían el desarrollo programático curricular. Simoncito, de Rafael Pombo, viendo un montículo de tierra que estorbaba el camino, opinó: “¡Que abran un hueco y la echen allí!”. Hay que volver a las aulas, pero sin poner en riesgo la salud.
Por lo pronto, más que publicidad de las Tic, llegó el momento de que el Gobierno amplíe el acceso escolar a Internet.
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