Duelos y mechoneadas

Rodrigo Fernández Chois

¡Cómo nos divertimos con los celulares! Vemos memes, fakenews, chismes y a un variopinto enjambre de bufones que nos alegra el día. Y ni que hablar de los videos subidos de tono y los escabrosos.

Hay unos en particular que me despiertan una intelectual curiosidad: los que muestran a dos féminas halándose de las greñas mientras se revuelcan en el piso; y todo, por causa de un mancebo.

Cualquier espectador concluiría que el culpable de tan salvaje espectáculo debe sentirse más que orgulloso por tamaña muestra de amor; sin embargo, la realidad es la opuesta.

Incluso ennoblecer la mujeril confrontación no cambia esta conclusión. Así lo demostró el Duque de Richelieu en el siglo XVIII. Resulta que el duque tenía dos amantes y la mala suerte haría que ambas se encontraran y se percatasen de que compartían mucho más en común que su distinguido título.

En efecto, ambas mujeres eran sendas marquesas aristócratas por lo que decidieron -en virtud de su condición- no agarrarse de las mechas sino enfrentarse en un duelo de pistolas al amanecer.

Fueron ellas la Marquesa de Polignac y la Marquesa de Mailly Nesle; ambas, no muy felizmente casadas, dicho sea.

El resignado duque tuvo que presenciar el duelo con la inmensa fortuna de que sus queridas, al ser poco diestras en el arte de la pólvora, solo se provocasen pequeñas heridas.

Pero el duque, al sentir que su honor había sido pisoteado por tan bochornoso espectáculo, optó enseguida por abandonar a las dos marquesas e irse con su tercer amor, la hija del regente de Francia; la hermosa, joven y soltera Mademoiselle de Valois. ¿Moraleja?

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