Ante la violencia desatada por las bandas criminales contra los policías del país, se requiere de una verdadera cruzada nacional para fustigar a quienes atentan en forma cobarde contra la institucionalidad al cegar la vida de servidores públicos que trabajan día y noche por la tranquilidad ciudadana.
No es posible que en pleno siglo XXI los grupos de delincuencia residual hayan asesinado a 35 uniformados y la sociedad colombiana no se manifieste con expresiones masivas de rechazo ante semejante crueldad.
Los policiales víctimas de esta oleada fratricida han sido masacrados en ejercicio de sus funciones misionales con alevosía y sin ninguna oportunidad de defenderse legítimamente, porque en su mayoría han sido objeto de emboscadas que vulneran el derecho internacional humanitario, en razón de sus móviles y circunstancias medrosas por parte de quienes siembran el terror y la angustia de una población civil inerme ante hechos punibles llenos de maldad y de dolor.
Hoy muchas familias lloran a sus muertos y reclaman del Estado colombiano garantías para los policiales que cumplen con su deber sacrificando hasta su propia vida por una nación que ha sido indolente frente al holocausto que viven los integrantes de una organización que vela por los derechos y libertades públicas.
La sociedad colombiana en pleno tiene el deber moral de repudiar estos actos de instrumentalización de agentes del Estado para generar el miedo, pretendiendo que la institución policial baje la guardia en la custodia de la vida, honra y bienes de toda una ciudadanía que tiene el derecho a convivir dignamente.
Hay que combatir todas las formas de delincuencia común y a las bacrim con la fuerza legítima del Estado, defendiendo a nuestra Policía Nacional. “Dios y Patria”.
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