De Periquita a Mafalda

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Cuando dieron la noticia de la muerte de Joaquín Salvador Lavado Tejón, “Quino”, volvió a mi recuerdo ese viejo dilema de infancia cuando desapareció Periquita de las ediciones dominicales de los periódicos. Recuerdo que antes de leer las aventuras de Tarzán, El Fantasma, Batman y Superman, comenzaba con Periquita, Lorenzo, Educando a Papá, Benitín y Eneas. Prefería esas tiras cómicas porque narraban cotidianidades humanas. Como yo tenía la misma edad de Periquita, sublimaba con la historieta mis primeros amores platónicos en tiempos que todavía no había escolaridad mixta y las niñas jugaban aparte su rayuela.

Pero de repente ella desapareció de las ediciones dominicales sin despedirse y observé a los ocho días que su espacio era ocupado por Mafalda. La vi como una suplantadora porque físicamente era una niña muy similar a Periquita y extrañaría su pelo rizado. Difícilmente cambiaría a mi amiga y sus excentricidades.

Pero entrado a mi juventud ya simpaticé con Mafalda, porque la descubrí rebelde y con juicios sociales y políticos. Empecé a considerarla mi camarada. Entonces me interesé por el tema, había que hacer rigurosas investigaciones en hemerotecas. Detecté que aunque hubo historietadores colombianos, como Adolfo Samper y sus mojicones, los periódicos reproducían historietas gringas, mexicanas y argentinas.

Que algunos comics morían por voluntad de sus creadores. Otras veces las revistas los invisibilizaban, como fue el caso de “Balita”, la historieta pacifista de León Octavio. También pueden quedar huérfanas, como Mafalda. Periquita seguirá como un grato recuerdo de mi infancia. Ahora de viejo envidio la eterna juventud de Mafalda. Amiga, confiésame cuál es tu revitalizante.

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