Cuando la sal se corrompe

Rodrigo Fernández Chois

La justicia es uno de los valores más preciados por el hombre. Igual que la sal -que sirvió de moneda en la antigüedad- esperaríamos que jamás pierda su valor por causa de la corrupción.

La sal se empleó como moneda antes de la invención del dinero por su papel en la preservación de alimentos y empleo funerario en el antiguo Egipto… la palabra salario deriva de aquí su origen.

Era entonces inconcebible que la sal llegase a corromperse y si así sucediera “no valdría para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”, advirtió Jesús en su famoso Sermón de la Montaña.

Con estupor y aprensión los colombianos estamos siendo testigos del grado de corrupción al cual ha llegado la Justicia en nuestro país.

Las últimas acciones de la gran corte dejan un sabor agrio… ¿Qué puede pensar un ciudadano corriente al ver cómo el máximo estrado judicial opera con una eficiencia inusitada contra un expresidente y, por el contrario, no existe ejercicio de justicia con criminales de lesa humanidad y diferentes actores que militan en la orilla ideológica opuesta del primero?    

El colombiano de a pie observa asombrado -y con miedo- como el máximo tribunal garante de Justicia se ha convertido por malsanas y delictivas prácticas en un ente comprometido bautizado con el para nada envidiable alias de “Cartel de la Toga”.

Son tiempos turbulentos y muy complejos… se vislumbran conspiraciones por doquier. Sólo espero que la sublime Justicia reaparezca, vuelva a ceñir su banda, equilibre su balanza y blandee la espada para proteger a todos los colombianos sin importar cual sea su preferencia política o ideológica. 

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