Cuando el río suena…

Hugo E. Gamboa Cabrera

“Occidente” es un órgano informativo valioso para mucha gente, en forma de periódico y virtualmente, sobre todo ahora que los medios de comunicación escritos están atravesando por una situación financiera muy crítica. La gente está leyendo muy poco. Algunos dicen que la causa son las redes sociales, que han adquirido un auge increíble, así gran parte de su contenido sea falso.

Gracias a mi periódico, algunas personas que encuentro en la calle me dicen que por que escribo “tanto de política”; les respondo que la política es actualmente el punto de encuentro de tertulias, polémicas, noticias, y eso no se puede desconocer ni eludir, especialmente porque en mi país se convirtió en una circunstancia preocupante por la terrible polarización que nos invade por todos lados, así a muchos les cause asco, fobia. Lo cierto es que la política en Colombia nos puede cambiar el destino como país.

Recuerdo cuando Chávez después de ser amnistiado por el presidente Rafael Caldera, empezó con sus discursos populistas, prometiendo respetar la Constitución de su país, a los medios de comunicación y su período de cinco años como presidente. Ya sabemos que pasó, convocó una constituyente, manipuló los resultados y cambió la Carta Fundamental, se aferró al poder y escogió sucesor a dedo.

Los medios empezaron a cerrarse, porque el gobierno cerró la importación de papel para imprimir su información. Luego vinieron las expropiaciones y los que daban empleo se llevaron sus fortunas para otro lado, dejando al ciudadano de a pie sin trabajo, pues el Estado no supo administrar lo que había quitado, empezando por las pensiones. Su mina de oro, el petrolero, se desmoronó y hoy los pobres de allá buscan las fronteras para sobrevivir.

Por eso escribo de política, porque me preocupa el futuro de mi patria. Argentina y México, con presidentes de izquierda recientemente elegidos, ya empezaron a tener problemas complicados en su gobernabilidad, por aquellas medidas que todo el mundo sabe que contienen y a que saben. Hay gente que se molesta cuando uno afirma cosas como éstas, pero, allá ellos, que después no lloren sobre la lecha derramada.

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