Maria Isabel Saavedra Hurtado

Cuando el Miedo No Es Opción

Maria Isabel Saavedra

Afuera de mi apartamento, la noche no solo trae silencio, sino también la sombra de un hombre que se cree dueño de una vida que no le pertenece.

Ahí está, con su postura de macho alfa, con su mirada cargada de intransigencia y con una amenaza que se le enreda en la lengua como si tuviera derecho a decirme qué hacer, qué callar y a quién dejar de apoyar.

Mi mujer es mía“, dice con una seguridad absurda.

A los ojos de Dios, ella me pertenece, y usted no tiene derecho a meterle ideas en la cabeza ni a dañarla con su libertinaje“.

Libertinaje.

Así llama él a que su esposa asista a reuniones donde aprende a amarse, a reconocer su valor y a comprender que ser esposa no significa ser propiedad.

Así justifica su miedo, porque sabe que una mujer que se encuentra a sí misma ya no se deja perder en las sombras de nadie.

No es posible que en pleno 2022 existan hombres que aún creen que el matrimonio es una sentencia y no un acuerdo de amor mutuo y respeto.

No es posible que todavía hayan quienes se asusten cuando una mujer aprende a pensar por sí misma, a tomar decisiones y a reclamar lo que siempre fue suyo: su libertad, su voz, su autonomía.

A quienes nos quieren calladas, sumisas y dependientes, les digo: están tarde.

Nos hemos despertado, nos hemos encontrado y, lo más importante, nos hemos dado la mano.

Y cuando las mujeres nos unimos, no hay amenaza que nos detenga.

A esas mujeres que hoy sienten el peso del miedo, les digo: no están solas.

No podemos permitir que nos silencien, no podemos ceder ante la intimidación de quienes se creen con el derecho de decidir sobre nuestras vidas.

Seguir adelante no es solo una opción, es nuestra obligación con nosotras mismas y con las que vienen detrás.

Y a esos hombres que aún viven en la era de las cavernas, les hago una invitación sincera: evolucionen.

Una mujer que se capacita, que aprende y que se valora no es una amenaza.

Es un ser humano que crece, y si de verdad la aman, deberían celebrarlo, no temerle.

Nosotras seguiremos aquí, sin miedo y con más fuerza que nunca.

Porque una mujer empoderada no es libertina, es libre.

Y la libertad, queridos señores, no se negocia.


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