Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Con ají me gustan a mí

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

En Colombia muchas capillas fueron construidas con fondos por ventas de empanadas, bendecidas por los curas, entre los feligreses. Parecido ocurrió con puestos de salud, casetas comunales y escuelas.

Entre nuestras costumbres hallamos que en reuniones familiares, sociales y políticas, la empanada siempre será el ícono integrador. Sin fritanga de empanadas serían muy tristes los fines de semana en las veredas colombianas.

En la economía informal vender empanadas es la más tradicional costumbre mercantil a que recurren quienes no tienen trabajo fijo. La empanada es la comida más rápida para quienes salen de las oficinas a estudiar a la universidad nocturna.

¿Quién no recuerda que el niño Petronio Álvarez, antes de ser maquinista del ferrocarril, sobrevivió a la pobreza ofreciendo empanadas en el puerto? Es decir que la empanada hace parte del patrimonio gastronómico nacional.

Por eso, al considerarla más ancestral y popular que el pandebono, alguna vez le manifesté a Jairo Varela, que lo nuestro es cuestión de empanada con champú de Lola.

Le argumenté al gran maestro y compositor que después de tomar aguardiente, de rumbear por la quinta y de salir de la plaza de toros, a nadie se le ocurriría irse a una panadería a comprar pandebono, sino más bien a una fritanga de ricas empanadas.

Pero ahora, tras el caso de Stiven Claros y la errónea interpretación del artículo 140 del Código de Policía, no nos expondremos a multas.

Preferimos quedar antojados de comer debajo de una tolda la sabrosa masa frita rellena de guiso y carne, pasándola con ají, como me gusta a mí.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar