La ciudad de Cali, esa en la que usted vive y en la que posiblemente ha pasado por diversos momentos, tanto buenos como malos, después de tantos días de dolor, desolación, incertidumbre y con el miedo de estar hasta en la propia casa. Una situación en la que los días de disturbios se volvieron como en cámara lenta.
Considero que sin exclusión, la situación del paro afectó a nivel emocional a todos. La tristeza generada al salir a las calles de la tan conocida “Sucursal del cielo”, donde de tranquilidad poco se sentía después de los estragos de las noches violentas, en una especie de ambiente lúgubre en el que se respiraba el terror de las secuelas de la violencia.
El ver las manifestaciones escritas en grafitis, en las que los autores plasmaron el dolor en diferentes mensajes, inconformismo, frustración y esperanza, deseando ser escuchados por aquellos que los leyeran. Aquellas expresiones de las que los caleños no hemos estado acostumbrado, a diferencia de Bogotá u otras ciudades en las que los grafitis son muy comunes.
Sin intención de polemizar sobre si se deben dejar o no estos escritos en los espacios públicos de Cali, pienso que es pertinente hacer de estos un discurso de esperanza en los que el arte no sea confundido con vandalismo o deconstrucción social, y saber clasificar cuales difieren de ello.
Suele pasar que es más fácil criticar que generar propuestas o llevar al acto, acciones que desde las capacidades de cada persona aporten al bienestar ciudadano.
Mi intención es generar por medio de estas letras la reflexión de cómo el dolor y las situaciones difíciles deben ser un aprendizaje que no promueva el resentimiento sino la transformación social desde el perdón, que es el mejor regalo para sí mismo y contexto.
Levantarse ante la adversidad es una constante en esta cultura, hemos visto con el paso del tiempo que su población se despierta con el amor de patria en un acto de solidaridad y resiliencia para continuar.
Que la adversidad por la que ha atravesado nuestra gente y ciudad, no los sumerja en la victimización, sino que promueva el sentido de pertenencia y compromiso social en el que cada uno aporte lo mejor.
Ser indiferente no es la vía para la reconstrucción social, cada persona y espacio de la ciudad tiene una narrativa de dolor y angustia vivida ante la violencia, y ante ello es relevante que cada sujeto desde sus recursos internos y contextos promueva lo mejor de sí. No pierda la esperanza, sueñe con un mejor mañana del cual hace parte, tenga presente que si se ha levantado una vez, lo podrá hacer las veces que sean necesarias.
Querido lector, más que enfocarse en aquello que no puede hacer ante lo sucedido, lo invito a que haga parte del movimiento de solidaridad y amor por esta tierra que tanto lo necesita, que todo por lo que haya pasado permita tener un proceso introspectivo de conciencia reflexiva, para que así, desde actos de amor, palabras y pensamientos, pueda contribuir de manera positiva.
Siéntase afortunado de hacer parte de la reconstrucción de una sociedad que necesita lo mejor de usted. Aunque no somos magos para cambiar el mundo, sí podemos influenciar en nuestro entorno. No subestime lo que enseña y aporta.
Psicóloga especialista en docencia universitaria
Master en Sexología
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