No vaya a creer la Administración Municipal que los caleños no estamos seriamente preocupados por la racha de homicidios no solo del puente pasado, sino de otros que han tenido la misma característica, es decir fluctuar entre 15 o 20 casos.
La Administración no puede a través de sus voceros, pero de manera puntual la Secretaria de Seguridad y Justicia, como antes lo hacía el fallido Alto Comisionado para la Seguridad, el doctor Paredes, decir que el aumento del 45% de los homicidios durante este mes se debe a las luchas intestinas de las bandas del crimen organizado, con sus componentes de ajuste de cuentas, control territorial y demás arandelas, un discurso que se ha convertido en el lugar común para explicar la ausencia de una Política Pública de Seguridad integral.
En lo que va corrido de este año vamos en la cifra escandalosa de 246 homicidios, además de la incontenible oleada de delitos contra la propiedad y lo que es más grave, un aumento inexplicable del hurto a celulares a lo largo y ancho de la ciudad, con el atraco callejero enseñoreado y los “semáforos del terror” en plena actividad.
La Administración debe entender que en un contexto criminal como el de Cali no debe cantar victoria ni hacer vanidosas ruedas de prensa cuando hay pírricas reducciones.
La tasa de homicidios de Cali es la que más lento se reduce en comparación con Bogotá, Medellín y Barranquilla y la tasa nacional, lo que hace de nuestra ciudad una sociedad con perfiles de inviabilidad económica y social.
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