Bodas de oro deportivas

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Santiago de Cali cumple el cincuenta aniversario de haber sido sede de los VI Juegos Panamericanos. Yo diría que aquel evento deportivo internacional sirve de referente para hablar de la historia de nuestra ciudad, es decir, antes y después de los panamericanos. Antes de los juegos, era una villa sin desarrollo urbano. Después de 1971 empezó su transformación hacia una metrópoli, tanto que hoy su gobierno ya no se identifica como administración municipal, sino distrital.

Otrora fue la Sultana del Valle con siete ríos y el terruño de clima fresco cuya brisa en las tardes abrazaba a los citadinos. El municipio de veredas apacibles sobre la cima de sus montañas. La ciudad deportiva de Colombia, conformada por cien barrios caleños, con muchos mangones donde los muchachos practicaban el futbol aficionado, que los motivaba ir al estadio los domingos a aplaudir a sus equipos: el Deportivo Cali y el América. La urbe que contaba apenas con dos edificios altos que no alcanzaban los diez pisos.

La tierra que inspiró a Jorge Isaasc para su narración romántica. Antes de los panamericanos fue la sucursal del cielo de apenas trescientos mil habitantes, pero que creció como la ciudad hospitalaria donde inmigraban los desplazados por la violencia campesina. Era la misma cuya gente la hizo figurar como la ciudad más alegre del país porque empezó a bailar la salsa que de contrabando entró por el vecino bello puerto del mar, que llamó la atención a las orquestas internacionales y los grandes maestros de la música para arribar a las ferias de la caña de azúcar.

Pero todavía era una villa que tenía sus barrios sin pavimentar y el centro de la ciudad sólo contaba con una calle principal de doble vía. Recién aprobada sede de los juegos panamericanos la administración municipal se motivó a proyectar la primera autopista, ampliar algunas calles y construir los primeros puentes vehiculares. Los VI Juegos Panamericanos desde su víspera cumplieron con la misión pacificadora que en la historia mundial ha caracterizado al deporte. Recordemos que el año 1971 arrancó con el conflicto estudiantil de mayor envergadura y cuyo epicentro estuvo en nuestra ciudad.

Los universitarios del país aquí se dieron cita y los estudiantes de la Universidad del Valle lideraban el movimiento. La rebeldía juvenil universitaria se reflejaba entre los adolescentes del bachillerato de reconocidos colegios públicos: Santa Librada, el Politécnico Municipal, el Antonio José Camacho, el Eustaquio Palacios, la Normal Departamental de Varones y el recién fundado Inem Jorge Isaacs.

No olvidamos ese conflictivo 26 de febrero, que cinco meses antes de los panamericanos se animó a resolver el Gobierno, pues la clase política de entonces sí dimensionaba la importancia de un evento deportivo de esa magnitud. Desde los VI Juegos Panamericanos se comenzó a reconocer a las caleñas como las mujeres más bellas del mundo porque las muchachas bastoneras engalanaron las tribunas del estadio Pascual Guerrero dando la bienvenida a las delegaciones deportivas.

Desde entonces Cali se mostró como una ciudad pujante que empezó a modernizar su infraestructura arquitectónica, convirtiéndose en atracción turística. Los VI Juegos Panamericanos fueron aquel primer evento que llenó las calles de caleños confundidos en hermandad con los turistas nacionales e internacionales.

Hasta los bachilleres de entonces hallamos en los juegos panamericanos nuestro primer desempeño laboral, sea como guías turísticos o atendiendo los kioscos de gaseosa instalados en las zonas polideportivas. Desde los panamericanos nuestra ciudad quedó preparada para disputar en el futuro inmediato o mediato, el que los comités internacionales le confíen la sede de otros eventos deportivos internacionales o mundiales.

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