Con los acetatos de los coleccionistas ocurre algo parecido al destino de las bibliotecas: sus herederos los regalan y quedan diseminados entre reciclaje.
Causas: la reducción de los espacios habitacionales con arquitecturas en función del mercado de la vivienda, el avance de la tecnología y el relevo de las costumbres sociales.
En apartamentos de 60 metros o en casas construidas sobre áreas de 105 metros, ya no hay espacio para los libros, menos para los tesoros magnetofónicos.
El Internet suplantó a bibliotecas y discotecas. Los soneros y coleccionistas son verdaderos guardianes del patrimonio discográfico.
Quedan unos cuantos museos en una ciudad donde proliferaban las tiendas musicales. Afortunadamente los encuentros de soneros y coleccionistas han logrado posicionarse en las ferias, si no, los jóvenes que oyen música con audífonos desde sus dispositivos no imaginarían cómo eran anteriormente las audiciones familiares.
En otra columna seguiré el tema. Hoy, para no dejarnos aniquilar del progreso, propongo un encuentro musical virtual para la Semana Mayor.
Utilizando Meet u otro medio para reuniones virtuales, preparemos nuestras audiciones de amigos. Los participantes presentan los temas indicando sus compositores, las versiones musicales y contextualizándolos en sus épocas.
Intercambian reflexiones sobre tales poemas envueltos en música. Mientras llega la Semana Santa, voy preparando mi Biblia musical para la audición: “La pasión según San Mateo” (Bach), “El Mesías” (Haendel), “La Misa Criolla” (Los Fronterizos), “Jesucristo” (Roberto Carlos), “Cristo es verbo, no sustantivo” (Ricardo Arjona), “Gloria a Dios” (Richie Ray), “El Buen Pastor” (Raphy Leavitt), “El buen camino” (Ismael Miranda), “El Nazareno” (Ismael Rivera), “El Todopoderoso” (Héctor Lavoe), “Noé” (Rubén Blades).
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