Que continúe la concordia nacional
Si las emociones determinan la psicología de los seres humanos, qué decir de la complejidad del sistema democrático que confunde a los ciudadanos.
Estas variantes son muy notorias en las actuales expectativas, como antes ninguna vez ocurrió.
Esos fenómenos humanos están siendo evidentes desde que el presidente electo Gustavo Petro se reunió con el ingeniero Rodolfo Hernández, excandidato presidencial, y con el expresidente Álvaro Uribe, su antiguo antagonista político.
Comienzan a escucharse lamentaciones entre algunos electores, lo grave es que no son exclusivas de los que votaron invitados, sino también de algunos militantes.
Entonces circulan memes y frases a través de las redes sociales, que del rumor y la especulación transitan al barullo nacional.
Es algo así como cuando en un partido de futbol el crack inicia una jugada en la cancha o se alista para cobrar un penalti: los jueces no le quitan el ojo de encima para pitar cualquier falta; los hinchas rivales del equipo contrario lo abuchean para que no haga gol; y algunos pesimistas coequiperos de la misma hinchada desconfían de su ídolo.
Claro que en los estadios todavía quedan los comentaristas profesionales que, con sus análisis serios, de manera imparcial, guían objetivamente al público.
Un micrófono parcializado e irresponsable puede provocar fanatismos y tragedias al meter ideas en las mentes frágiles de algunos hinchas manipulables. Esto también puede pasar en la política.
Deporte y política son correlativas cuando los odios y las mentiras son sus únicos fundamentos, sino miremos cómo el país polarizado se refleja en las barras bravas de los fanáticos. Un fanático no atiende ni siquiera a sus conductores cuando estos concilian con sus contendores.
Pero volvamos al referente político con que inicié esta columna de opinión. El actual momento de Colombia es histórico, lo reconocen hasta los contrarios con diferentes proyectos políticos, o sin ninguno, en los anteriores debates de campaña.
En un régimen de terror todos los ciudadanos y nacionales pierden, no se respeta apellido, ni investidura republicana. Los copartidarios del presidente electo tienen que repasar los principios pacifistas y de igualdad, propuestos por el candidato contra la polaridad y la violencia en su discurso el, día del triunfo electoral aquel 19.
Los opositores que no declinan los odios no pueden seguir mintiendo a través de las redes con argumentos falaces de su responsabilidad en el comportamiento del dólar en la economía nacional y mundial.
Tampoco tratando de buscarle enemigos al nuevo Gobierno exigiendo que sea un Rey Midas, que no necesite de impuestos porque transformaría en oro las cosas con sólo palparlas.
El programa de Gobierno siempre será factible cuando los presidentes cuenten con legisladores que los respalden, despojados de los sectarismos y sólo acogiendo la intención de solucionar los problemas urgentes del país.
En el actual momento histórico de concordia nacional debemos controlar nuestras emociones y entender las estrategias que exige la complejidad del sistema democrático. Seamos optimistas de las ejecuciones sociales que esperamos del nuevo Gobierno.
Por: Luis Ángel Muñoz Zúñiga
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