El 27 de octubre del presente año, se elegirán concejales, diputados, alcaldes y gobernadores. Es una gran oportunidad para que los colombianos cambiemos ese chic mental equivocado que nos caracteriza negativamente.
Es decir, llevamos toda una historia desde la independencia, en la que se nos inculcó que debemos votar por aquellos que más retórica utilicen para convencernos o, por quienes prometen mientras son candidatos y se esconden cuando salen elegidos, aprovechando que millones de colombianos son analfabetos políticos en unos casos y, en otros también analfabetos, pero más astutos, porque se acostumbraron a “vender” los votos de sus vecinos.
Este país hermoso que es Colombia, ha sabido sobrellevar tanta desidia oficial y tanta inequidad social, hasta el punto que somos considerados uno de los países más felices del mundo.
Paradójico. Sin embargo, ya es hora que los colombianos despertemos y no permitamos que nos sigan metiendo los dedos en la boca.
El país, teniendo todos los méritos, valores naturales e importancia estratégica, no ha podido salir de ese subdesarrollo social y financiero al que lo han llevado quienes se hacen elegir no para luchar por la nación sino para lograr riqueza ilegal y convertirse en personajes de cuello blanco para hacer y deshacer.
Los colombianos no podemos seguir por ese sendero, por ese por el que nos han llevado algunos y algunas, que llevan años eligiéndose gracias a lo que pagan por los votos, y las regiones allí, estancadas y rezagadas.
Es hora de cambiar. No podemos seguir con ese chic de idiotas útiles, por el bien de nuestros territorios y de la patria.
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