Mientras escribo esta nota cae un diluvio sobre Cali. Las gotas golpean sin clemencia los cristales de las ventanas y tamborilean con brío sobre los calientes tejados.
Y al tiempo que los truenos rompen el silencio, mi mente llega a la conclusión de que son casi tres meses seguidos de lluvia. Y si bien no es un tiempo ni remotamente parecido a los cuatro años, once meses y dos días seguidos que lloviznó sobre Macondo, me es imposible no comenzar a divagar y a encontrar analogías en medio del incesante repicar.
La pasada encerrona que nos consagró la pandemia del COVID la asimilo con las pestes de amnesia y olvido de la poética población ficticia.
Pero la más contundente semejanza es que la invasión de mariposas amarillas que ocurrió en Macondo, según nos cuenta su propio creador, se parece a los casi seis millones de votos que obtuvo en la pasada elección el ingeniero candidato que viste justamente con una camisa amarilla.
No tengo duda alguna –y ante el panorama electoral que se aproxima- que habitamos todos en un país donde la magia surrealista pulula y nos involucra a todos.
Estamos a pocos días de elegir a nuestro mandatario. Incluso a quien regirá también los destinos de Macondo, hállese donde se halle el pueblo que fundara José Arcadio Buendía hace mucho más de cien años atrás. Y son sólo dos las opciones que están a la orden, ambas ciertamente con profundos visos de cambio.
Este escribidor, consiente del realismo mágico en que estamos, depositará con mucha fe su voto por el que él cree representará a las esperanzadoras mariposas amarillas.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






