2021, año de incertidumbres

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los colegios iniciaron el año lectivo 2020 con planeaciones institucionales que el Covid-19 pronto truncó y obligó que en el camino las comunidades educativas tuvieran que aplicarles reingeniería pedagógica y administrativa. Fueron admirables los esfuerzos conjuntos de los rectores, los docentes, los estudiantes y los padres de familia, que echaron mano de alternativas tecnológicas y adaptaron los procesos educativos a las nuevas realidades impuestas por la pandemia.

Hay que admitir que no se podían alcanzar todas las metas trazadas en razón a los cambios bruscos, probándose que los obstáculos estuvieron representados por las debilidades institucionales, infraestructurales y en la comunicación virtual. La sociedad pudo valorar la legítima misión de los docentes. La pandemia permitió cuantificar las condiciones infrahumanas de los establecimientos educativos públicos.

Ahora, durante las dos semanas de desarrollo institucional, cuando los docentes y los consejos directivos evaluarán el año lectivo anterior y planearán el que inicia, serán muchas las variables a tener en cuenta. La principal dificultad a afrontar es estar sometidos a los índices de contagios, que determinarían si planear para la alternancia o, contrariamente, para la virtualidad.

Agravaría con las decisiones administrativas caprichosas de algunos funcionarios que les dé por convocar a clases sin tener en cuenta el color de las alertas de salud y si se nombró el personal de apoyo. Pero no sólo eso, sino que también desestimarían las realidades infraestructurales que el año anterior no se solucionaron para este año poder garantizarles a los docentes y a los estudiantes las áreas de distanciamiento y las medidas de bioseguridad. ¡2021, año de incertidumbres!

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