Cali, junio 13 de 2026. Actualizado: viernes, junio 12, 2026 23:56
Colombia cerró el tercer trimestre de 2025 con un crecimiento económico que sorprendió al alza y superó con holgura las expectativas del mercado.
Según el Dane, el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó 3,6% anual, por encima del 3,2% previsto por los analistas y del 3,4% que se ubicaba más cerca del consenso.
El dato confirma que la economía está entrando en una fase de recuperación más sólida, apoyada en un fuerte dinamismo del consumo, la expansión de los servicios y un crecimiento acelerado del gasto público.
Para Daniel Velandia, director de Investigaciones y economista jefe de Credicorp Capital, este resultado es especialmente relevante porque no solo se refleja en la comparación anual, sino también en la variación trimestral, que mostró un incremento del 1,2% frente al segundo trimestre, señal inequívoca de que la economía está ganando tracción mes a mes. “Este es un dato bastante favorable. La demanda interna creció 1,7% entre el segundo y el tercer trimestre, y en la comparación anual ya alcanza un aumento del 5%, un número alto y liderado por el consumo total”, explicó el economista.
El corazón del crecimiento económico estuvo, de nuevo, en el consumo privado. Las familias colombianas aumentaron su gasto en 4,2%, una cifra superior al 3,6% observado en el trimestre anterior.
De acuerdo con Velandia, este comportamiento obedece a cuatro factores principales:
A esto se suma un componente psicológico clave: la confianza del consumidor alcanzó su nivel más alto en siete años, según Fedesarrollo, lo que refuerza la disposición de los hogares a gastar e invertir.
La otra cara del impulso económico viene del lado del gobierno. El consumo público creció 14,2%, el dato más alto desde el tercer trimestre de 2021, cuando el país estaba saliendo de la pandemia.
En esta ocasión, el crecimiento se explica por una fuerte ejecución presupuestal, especialmente en administración pública, educación y salud, actividades que crecieron 8% en el trimestre.
No obstante, Velandia advierte que este impulso “trae dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento, en la medida en que está soportado en un gasto estatal que se incrementa en medio de un deterioro fiscal significativo”.
Según su análisis, sin ese consumo público adicional, el PIB habría crecido alrededor de 2,3%, lo que revela la magnitud del aporte estatal al resultado final.
Otro de los pilares del crecimiento fue el conjunto de actividades relacionadas con comercio, transporte, hoteles y restaurantes, que crecieron 5,6%.
La reactivación del turismo, una mayor movilidad y el aumento del gasto de los hogares impulsaron estas actividades, que comienzan a recuperar el dinamismo observado antes del periodo de enfriamiento económico de 2023-2024.
La industria manufacturera se expandió 4,1%, mostrando estabilidad y resistencia frente a los costos logísticos y financieros.
La producción de alimentos, químicos y productos metálicos lideró el empuje, apoyada por inventarios más ajustados y mayor demanda interna.
En inversión, la economía exhibe un doble comportamiento. Por un lado, la compra de maquinaria y equipo creció a doble dígito, reflejando la respuesta del sector empresarial al mayor dinamismo del consumo.
Por el otro, el sector construcción continúa sin levantar cabeza: cayó 1,5% en el agregado, afectado por altos costos, incertidumbre y lentitud en algunos proyectos privados.
La buena noticia proviene de las obras civiles, que siguen recuperándose gracias a grandes proyectos regionales como el Metro de Bogotá, el Túnel del Toyo en Antioquia y corredores viales en distintas regiones del país.
Estos trabajos han impedido que la contracción del sector construcción sea más profunda.
El segmento minero-petrolero tuvo un desempeño negativo, registrando una caída del 6% real anual. Velandia atribuye esta disminución a la incertidumbre regulatoria y política en torno a la transición energética y a las decisiones sobre exploración y explotación, factores que continúan afectando la actividad extractiva.
En el acumulado del año (enero–septiembre), la economía crece 2,8%, y los analistas coinciden en que 2025 podría cerrar cerca del 3%.
El Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) también refuerza este panorama: creció 4,0% en septiembre, manteniendo un ritmo ascendente con variaciones que han llegado a 4,6% durante el año.
El buen comportamiento del consumo privado y la inversión llevó a Credicorp Capital a ajustar su proyección de crecimiento para 2025: pasó de 2,3% a 2,7%. Para 2026, Velandia estima un crecimiento similar, también alrededor de 2,7%.
Sin embargo, advierte que el Banco de la República podría mantener su tasa de interés alta por más tiempo debido al vigor de la demanda interna.
Incluso, algunos escenarios plantean la posibilidad —no deseable— de un aumento en la tasa si la presión inflacionaria reaparece tras el ajuste del salario mínimo de diciembre.
Los datos revelan una economía que avanza con fuerza gracias al consumo privado, la inversión en maquinaria y equipo y el gasto público.
Pero también dejan sobre la mesa una pregunta clave: ¿es sostenible este ritmo cuando una parte importante del crecimiento depende del consumo del gobierno en un contexto fiscal apretado?
Por ahora, el balance es positivo: Colombia retoma impulso, recupera sectores clave y cierra 2025 con señales de un crecimiento más firme del que esperaban los analistas al inicio del año.
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