Cali, abril 22 de 2026. Actualizado: martes, abril 21, 2026 21:08
En Cali, la educación ambiental cobra protagonismo gracias a las iniciativas lideradas por estudiantes de 23 instituciones oficiales, quienes durante esta Semana de la Biodiversidad comparten sus proyectos en la Ciudadela Educativa instalada en el Polideportivo Los Almendros.
Este espacio se convirtió en un aula viva donde la comunidad caleña puede conocer cómo desde las aulas se gestan procesos de sostenibilidad, conservación y protección del entorno.
Hasta este viernes, docentes y estudiantes presentarán experiencias construidas a partir de la nueva cátedra de biodiversidad con enfoque en el Chocó Biogeográfico.
A través de esta asignatura, reflexionan sobre las riquezas naturales del territorio y los desafíos que enfrenta, como la tala indiscriminada o la minería ilegal.
Así, los proyectos ambientales se convierten en herramientas pedagógicas que trascienden el aula y buscan transformar hábitos colectivos.
Uno de los proyectos más representativos es el de la Institución Educativa Francisco José Lloreda Mera, sede Boyacá, ubicada en el corregimiento La Elvira.
Allí, bajo el lema “Construyendo Conocimiento y Cultivando Comunidad”, desarrollan una propuesta basada en cinco ejes: huerta, vivero, compostaje, avistamiento de aves y crianza de conejos.
En estos espacios, los estudiantes siembran lechugas, remolachas, manzanos y limones. Además, observan cómo la llegada de polinizadores ha potenciado la biodiversidad del entorno. La crianza de conejos también aporta al proyecto, ya que sus residuos se utilizan para generar abono natural, cerrando un ciclo sostenible de producción y aprendizaje.
Para los docentes, esta metodología transforma la educación en acción. Los conocimientos adquiridos se aplican en el terreno y se integran en todas las áreas del currículo, incluyendo idiomas. De esta forma, los estudiantes aprenden a pensar globalmente desde su realidad local.
En la Institución Educativa Rural Montebello, el enfoque gira en torno al reciclaje. Allí, los estudiantes convierten residuos plásticos en madera plástica para fabricar objetos como relojes, ladrillos y piezas para impresoras 3D.
Esta iniciativa, además de fomentar la economía circular, involucra a toda la comunidad a través de la instalación de puntos de recolección en el corregimiento.
Valentina Castillo, una de las estudiantes participantes, adelanta su proyecto de grado construyendo una casa para perros con ladrillos reciclados.
Para ella, esta experiencia demuestra que desde la escuela se pueden transformar prácticas cotidianas y generar conciencia ambiental en el entorno.
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