Hay derrotas que duelen. Y hay derrotas que, aunque nos dejan lágrimas, también nos dejan lecciones que vale la pena destacar.
La eliminación de nuestra Selección Colombia del Mundial de la FIFA nos golpeó el corazón.
Todos queríamos seguir soñando, seguir vistiendo de amarillo cada rincón del planeta, seguir creyendo que esta vez el camino sería más largo. Pero el fútbol, como la vida, también está hecho de despedidas para las que no siempre estamos preparados.
Esta Selección nos regaló algo que ningún marcador podrá borrar: Nos recordó que Colombia tiene la capacidad de unirse.
Durante estas semanas vimos miles de colombianos abrazarse en estadios, plazas, aeropuertos, restaurantes y calles de todos los continentes.
Personas que nunca se habían visto celebraron juntas, cantaron el himno con lágrimas en los ojos y llevaron nuestra bandera con un orgullo inmenso.
En un momento de nuestro país en el que había tanta división por política, el fútbol nos volvió a unir alrededor de un mismo sueño. Y eso tiene un valor enorme.
En la cancha, los jugadores de la Selección nos demostraron que se puede competir con grandeza, y en las tribunas, los colombianos le demostramos al mundo el enorme orgullo que nos da vestir la camiseta tricolor, cantar nuestro himno y llegar a cada rincón del planeta.
Cada partido fue una muestra de esfuerzo, disciplina, sacrificio y trabajo en equipo.
Vimos jugadores que nunca dejaron de luchar, que se levantaron después de cada golpe y que entendieron que representar a un país exige mucho más que talento.
Hubo otra imagen que me conmovió profundamente: su Fe. Antes y después de cada encuentro, los vimos agradecer a Dios, orar juntos, apoyarse mutuamente y recordar que, por encima del resultado, existen valores que no dependen de un marcador.
Y es así: los tiempos de Dios son perfectos. Esta vez llegamos hasta octavos, pero seguro en la historia Colombia llegará a ser campeona mundial, porque nuestro país y nuestro fútbol así lo merecen y lo seguirán trabajando.
Quiero terminar esta columna dejando una reflexión sobre lo que nos debe dejar esta experiencia de Colombia en el Mundial 2026.
La unión entre la Selección y los colombianos, nos demostró que una sociedad fuerte no es aquella donde todos piensan igual, sino aquella donde las diferencias nunca destruyen el respeto.
Un país grande no se construye desde el insulto ni desde la descalificación permanente, sino desde la capacidad de trabajar juntos por objetivos comunes, por causas de país.
Nuestra Selección nos mostró que once jugadores con historias distintas, regiones distintas y formas diferentes de ver la vida pueden ponerse una misma camiseta, remar hacia el mismo lado y representar con orgullo a más de cincuenta millones de personas.
¿Por qué no podríamos hacer lo mismo como nación?
Hoy Colombia necesita recuperar esa capacidad de encontrarse. Necesita creer nuevamente que el diálogo vale más que el enfrentamiento, que el respeto pesa más que el odio y que la esperanza siempre será más poderosa que el pesimismo.
No permitamos que las diferencias políticas, sociales o ideológicas destruyan todo lo bueno que hemos construido como pueblo.
Sigamos siendo ese país alegre, empático y solidario que el mundo vio durante este Mundial.
Sigamos siendo una nación trabajadora, echada para adelante, que nunca renuncia a sus sueños.
Soñemos con una democracia cada vez más fuerte, con una economía que genere oportunidades para todos, con ciudades donde el respeto sea la regla y no la excepción, y con un país que siga creyendo en el esfuerzo como el camino para alcanzar sus metas.
Gracias, Selección Colombia. Más allá del sueño del mundial, regresan a casa habiendo permitido que todo un país volviera a creer en sí mismo.
El Mundial terminó para ustedes, pero el orgullo que despertaron en millones de colombianos es el mejor legado, porque el partido más importante sigue siendo el que tenemos como país: el de la unidad, el respeto y la esperanza de lo que nos queda en frente como país. Este todavía podemos ganarlo.
Solo una cosa más: felicitaciones a la Dra Juliana Guitérrez Zuluaga, designada por el presidente Abelardo de la Espriella como nueva Ministra del Deporte.
Le deseo el mayor de los éxitos en esta cartera, a la que espero pueda salvar y devolverle la dignidad a deportistas, entrenadores y al sistema entero que espera resurgir de las cenizas en las que lo dejó el gobierno saliente de Gustavo Petro, con cinco ministros en cuatro años y el presupuesto más bajo para el deporte en los últimos 20 años.
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