Cali, junio 11 de 2026. Actualizado: jueves, junio 11, 2026 22:08
La inflación en Colombia volvió a enviar una señal de alerta en julio. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) mensual se ubicó en 0,28%, por encima del consenso de analistas (0,19%), así como del registro de julio de 2024 (0,20%).
Este resultado llevó la variación anual al 4,90%, desde el 4,82% en junio, interrumpiendo el proceso de desaceleración observado en los dos meses previos.
De acuerdo con el más reciente Occimpacto del Banco de Occidente, la inflación enfrenta dificultades para retomar una senda clara hacia el rango meta del Banco de la República (2%-4%).
Factores como el encarecimiento de algunos alimentos y bienes esenciales han neutralizado la moderación de precios en servicios y regulados.
El desglose por componentes muestra que el rubro de alimentos aportó 12 puntos básicos a la aceleración de la inflación anual, impulsado principalmente por las “frutas frescas” y el “café”.
La entidad señala que los bloqueos asociados al paro arrocero habrían afectado la logística y la disponibilidad de ciertos productos, exacerbando las presiones de precios.
En bienes, el aumento fue de 1 punto básico, explicado por mayores precios en “productos de limpieza” y “productos farmacéuticos”.
En cambio, servicios no modificaron la inflación anual, ya que el alza de comidas fuera del hogar se compensó con una desaceleración en arrendamientos.
El grupo de regulados restó 6 puntos básicos a la inflación, gracias a menores presiones en los precios de servicios públicos como gas y agua.
Más allá del dato total, preocupa la inflación básica —que excluye alimentos y regulados—, la cual se aceleró levemente hasta 4,79%, desde el 4,77% previo.
Este indicador, considerado por el Banco de la República como la medida más confiable para evaluar presiones de demanda, evidencia que el núcleo inflacionario sigue sin mostrar un alivio consistente.
“Persistimos alrededor del 4,9% anual y sin un espacio significativo de mejora para lo que resta de 2025”, advierte Occieconómicas.
Esta resistencia al descenso podría tener implicaciones directas en la discusión sobre el aumento del salario mínimo para 2026, que la firma proyecta en torno al 9%.
Entre abril y junio, el IPC total había pasado del 5,16% al 4,82%, lo que generó optimismo sobre una convergencia hacia el rango meta.
Sin embargo, el dato de julio rompe esa tendencia y deja claro que la batalla contra la inflación no está ganada.
El informe resalta que las presiones en servicios se mantienen debido a la resiliencia de la demanda interna, mientras que la inflación de bienes está en ascenso por efectos base bajos del año pasado.
La reacción del Banco de la República en su última reunión fue mantener la tasa de intervención en 9,25%, al considerar que la desaceleración previa no era suficiente para justificar un recorte, especialmente con una inflación básica estable y un crecimiento económico más sólido de lo previsto.
El nuevo dato de julio reduce la probabilidad de un recorte de tasas en septiembre, aunque no la elimina por completo. La decisión dependerá en buena medida del próximo dato de inflación y del contexto internacional.
En este último aspecto, el reporte destaca que la Reserva Federal de Estados Unidos podría recortar su tasa en 25 puntos básicos en septiembre, lo que relajaría las condiciones financieras globales y abriría espacio para que el BanRep adopte un movimiento similar.
Aun así, la entidad proyecta poco margen para más recortes en lo que resta del año, con una tasa de referencia que cerraría en 8,75%.
El estancamiento del IPC en niveles cercanos al 5% plantea riesgos en varios frentes:
Para los hogares, el mensaje es que la carga sobre el costo de vida seguirá presente, mientras que para el Gobierno y el BanRep el reto será mayor: estimular la economía sin encender nuevamente el fuego inflacionario.
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