En las últimas semanas, el municipio de Jamundí ha sido escenario de una serie de actos violentos que no podemos tolerar ni dejar pasar desapercibidos.
Entre estos lamentables sucesos se encuentra la amenaza de muerte contra nuestra destacada deportista vallecaucana Luz Adiela Álvarez.
Es inaceptable que una mujer que ha dedicado su vida al deporte, que ha puesto en alto el nombre de Jamundí, del Valle del Cauca y de Colombia, sea víctima de actos cobardes y viles.
Luz Adiela, quien se encontraba trabajando con adultos mayores del municipio, descubrió varias llamadas perdidas de su padre, quien la alertó de la situación. Su padre había recibido un panfleto que decía: “Despídase de su hija, la vamos a matar”.
Este acto de violencia no solo es un ataque directo a ella y su familia, sino también a los valores del deporte, la convivencia y el respeto por la vida.
Las amenazas contra Luz Adiela se suman a los constantes hechos de violencia que a diario se registran en nuestro departamento.
Da impotencia y al mismo tiempo desconsuelo conocer los terribles sucesos en Jamundí, donde las vidas de María Paula Dulce Alarcón y Luna Marcela Rodríguez Ordóñez fueron arrebatadas.
Estas jóvenes, estudiantes de Psicología en la Universidad Mariana, se encontraban en el sur del Valle del Cauca, alejadas de sus actividades académicas, y desaparecieron desde el martes, solo para ser halladas sin vida días después. Sus sueños y esperanzas, truncados por manos violentas, nos llenan de dolor e indignación.
Estos no son solo números, son historias y futuros que nos han sido robados. No son casos aislados: en lo que va del año, según datos de la Gobernación del Valle, hemos registrado 30 homicidios dolosos contra mujeres hasta el mes de abril.
El Observatorio Colombiano de Feminicidios nos alerta sobre una cifra aún más alarmante: 52 feminicidios en el Valle del Cauca durante todo el 2023 y más de 200 denuncias de violencia de género solo en los primeros meses de este 2024. Estas cifras son inaceptables y deben ser un llamado a la acción urgente.
No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la violencia de género sigue cobrando vidas.
La violencia contra las mujeres no puede seguir siendo el pan de cada día en nuestra sociedad. Cada feminicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y a todo el país.
Es nuestra responsabilidad, como representantes de la ciudadanía, tomar acciones decididas y efectivas para proteger la vida y los derechos de nuestras mujeres.
Nuestros deportistas se respetan, a los vallecaucanos se les respeta, a las mujeres se les respeta. No podemos permitir que el miedo nos paralice.
Debemos unirnos y rechazar de manera contundente este tipo de actos violentos. Es hora de que el gobierno nacional actúe para poner fin a esta violencia.
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