Dorando la píldora

Rodrigo F. Chois

Existen gobiernos solidarios, así como también los hay voraces.

Los primeros se preocupan por buscar recursos para hacer inversiones en justicia, salud y educación con el fin de mejorar el bienestar de las sociedades a las que gobiernan.

Los segundos se obsesionan más por despojar a sus gobernados con el deseo de proporcionar más recursos al erario, recursos que luego serán desviados mediante una serie de triquiñuelas para incrementar las arcas personales de políticos corruptos, para quienes la palabra moral no existe en el diccionario.

Sea cual sea el gobierno que nos gobierne; la teoría económica nos enseña de manera clara y precisa cuáles deben ser los bienes y servicios sujetos a impuestos para lograr el mayor recaudo posible.

Estos los bienes y servicios son aquellos cuya demanda es inelástica al precio, es decir, bienes y servicios que son tan atractivos que, sin importar que su precio aumente debido a un nuevo impuesto, los consumidores seguirán comprándolos y consumiéndolos.

Ejemplos de este tipo de bienes son numerosos, pero los más notables incluyen el alcohol, el tabaco, las drogas y toda la gama de productos y servicios que generan placer, que nos llevan a estados alterados de conciencia o simplemente nos brindan momentos de felicidad, aunque sean breves.

Sí, bienes y servicios que generan adicción… ¡Y la “comida chatarra” entra en esta categoría!
El nuevo “impuesto saludable” obedece a una estrategia de este tipo.

Justificar dicho gravamen con el argumento simplista de que contribuye a la salud de los colombianos no sólo equivale a “dorar la píldora” en todos los sentidos de la expresión; sino también a subestimar dramáticamente nuestra inteligencia.

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