El último domingo de este mes, los caleños tendremos la oportunidad de elegir al líder que guiará los destinos de nuestra ciudad, que hoy se encuentra lamentablemente atribulada.
A pesar de que la democracia no es ni nunca ha sido perfecta –los economistas solemos hacer referencia al Teorema del matemático Kanneth Arrow para destacar esta verdad incontrovertible y paradójica-, no existe un sistema participativo mejor que la democracia para corregir como sociedad los errores del pasado y construir un futuro lleno de esperanza para nuestras futuras generaciones.
Lamentablemente en las redes sociales hemos sido testigos del espectáculo desafortunado que ha caracterizado esta particular contienda electoral: Diatribas, acusaciones, escándalos, ataques y debates caóticos han sido su sello distintivo.
Tweets vienen y van; y los variopintos candidatos, tan diversos entre sí, son un claro ejemplo de cómo la política y el teatro clásico griego representan dos caras de una misma moneda.
Sólo nos queda prepararnos en los días que restan para cumplir con nuestro deber cívico, escuchar las propuestas, sopesar las opciones y elegir a la persona que consideremos la mejor opción.
A pesar de que el circo electoral seguramente alcanzará su apogeo como espectáculo, nunca debemos olvidar que, aunque imperfecta, nuestra democracia es el sistema menos deficiente.
Recordemos ese aforismo que dice que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Incluso, podríamos sentir gratitud hacia los candidatos de hoy, ya que, en última instancia, ¿quién desearía vivir en un mundo donde la política fuese aburrida y predecible? Que el mejor gane.
Y sin importar quién sea el elegido o la elegida, deseamos que a nuestra querida ciudad le vaya excepcionalmente bien.
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