Ayer en el cierre de las conversaciones con el ELN durante el anuncio del cese al fuego, el comandante del grupo guerrillero dijo que la diferencia histórica para dar este paso es que este gobierno afirmó que no sería perseguidor.
Esa es una promesa que debe hacerle a todos los sectores de nuestra sociedad.
Yo, como prensa, me siento perseguida.
Llevo 33 años de ejercicio, tiempo durante el cual he recibido presiones de narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros, políticos e incluso de empresas privadas.
Sin embargo, nunca los señalamientos y amenazas habían venido del jefe de Estado.
Petro, con sus críticas generalistas a los medios, nos está persiguiendo y poniendo en peligro a todos los que ejercemos el periodismo.
El presidente debe aceptar el disenso como ejercicio democrático.
No puede ser que en sus intervenciones más importantes acuse a los medios de atacarlo sistemáticamente debido a los intereses particulares de los medios.
Eso no solo es falso, es peligroso.
Colombia tiene cerca de 3.000 medios de comunicación de todos los tamaños y tendencias.
¿Todos amañados? ¿No ser amañado es comer entero y no debatir las reformas que propone el gobierno? ¿Plantear los problemas de seguridad en las regiones es ir en contra de los cambios que requiere el país? Los resultados de estos señalamientos han generado agresiones a la prensa en las marchas convocadas por el presidente y ni qué decir del nivel de agresiones que reciben los periodistas en sus redes.
El gobierno no debe perseguir a nadie.
No entiendo cómo es tan benevolente con los rebeldes en armas y no así con quienes se “revelan” de palabra.
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