Cali, marzo 14 de 2026. Actualizado: viernes, marzo 13, 2026 23:41
Resulta imposible que hoy haya colombianos que conozcan completamente el texto de la reforma a la salud, pues la iniciativa del gobierno nacional apenas fue radicada ayer.
Por lo mismo, resulta aún más difícil, por no decir imposible, que hoy haya ciudadanos que estén llenos de argumentos para salir a las calles a defender la iniciativa, pues, como es apenas obvio, no han tenido tiempo suficiente para leerla y analizarla en profundidad.
En ese sentido, quienes saldrán a las calles a defender la reforma a la salud, marcharán “a ciegas”, y más allá de lanzar consignas contra el actual sistema, no tendrán argumentos sólidos para pedir la aprobación del proyecto promovido por el presidente Gustavo Petro y la ministra Carolina Corcho.
Allí está lo preocupante del tema, quienes saldrán a la calle a exigir que el Congreso le dé el visto bueno a esta iniciativa lo hacen movidos por una identidad ideológica con el gobierno nacional, especialmente con el presidente de la República, y no por razones fundamentadas, pues no conocen lo que están defendiendo.
Una cosa es haber votado por el presidente Petro, y otra, muy diferente, es entregarle un cheque en blanco para que cambie lo que quiera y como quiera, sin tener que explicarlo y, sobre todo, sin que tenga que convencer a los ciudadanos y a los congresistas de las bondades de sus propuestas.
Apoyar a un gobierno no tiene porqué implicar la pérdida de capacidad crítica y analítica frente al mismo, mucho menos en temas estructurales como el de la salud.
Lo responsable es revisar las propuestas y evaluarlas a la luz de lo que más les conviene a los colombianos.
Pero si el debate de cada proyecto se convierte en un pulso ideológico, como está ocurriendo con esta reforma, se corre el riesgo de privilegiar el triunfo político sobre los intereses ciudadanos.
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