Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El humor en los tiempos del cólera

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El 13 de agosto se celebra el día del humor en conmemoración de la muerte de Jaime Garzón. Parodiando a Gabriel García Márquez, yo diría que homenajeamos al humor en los tiempos del cólera. Al principio lo tomaron como un nuevo bufón y lo soportaron, pero decidieron eliminarlo cuando se percataron de que se acrecentaba la audiencia en las escalinatas donde el humorista Jaime Garzón desafiaba y creaba conciencia.

Aunque hayan pasado veintidós años desde su asesinato, sigue siendo el ícono de la rebeldía juvenil, estampado en las camisetas y pintado en los muros de las ciudades. Qué hubiera sido de los colombianos en esos tiempos aciagos si Jaime Garzón no emitiera a través de la televisión “Zoociedad” y sus otros programas con los personajes: Godofredo Cínico Caspa, Dioselina Tibaná, Néstor Elí, Heriberto de la Calle y John Lenin.

Hoy, qué fuera de nuestra adición a las redes sociales si entre las estadísticas de epidemias, entre tanta noticia mala sobre la realidad social y en la jauría política con mensajes que transpiran odio, no existiesen algunos émulos de Jaime Garzón dedicados a hacernos reír con su chispa de humor crítico.

Por eso no soy egoísta y cada que me llega uno de sus videos o sus memes, especialmente los de Alejandro Riaño con su personaje “Juanpis González”, lo primero que hago después de carcajear es compartirlo a mis contactos. Aclaro que no soy un multiplicador del chiste flojo o vulgar, que saturan las redes sociales. Dios mío, líbrame de los cómicos bufones. Sólo reenvío el humor inteligente, que haga reír en serio, y no es paradójica mi confesión. Uno puede “reír en serio”, cuando nuestro estado de tristeza es alterado por el humor mordaz de una imagen o un video, que con sátiras críticas genere conciencia.

No sé por qué los padres de familia para las fiestas de sus niños lo primero que hacen es contratar a un payaso para que con sus torpezas estimule las risas infantiles. Se equivocan, Hans Christian Andersen con su cuento “El traje nuevo del emperador”, les enseña a reír a los niños poniendo como ejemplo la risa de la historia de su narración.

La gente del reino soltó sus carcajadas cuando vio que el rey vanidoso desfiló desnudo creyendo vestir la más fina tela transparente y, los niños que escuchan esa historia se contagian de risa a la vez que adquieren conciencia sobre el gobernante despilfarrador de los tributos. Los comediantes, los narradores de cuentos, los caricaturistas y los poetas burlescos, siempre han promovido la risa. ¿Qué sería de los pueblos sin ellos? Bien lo dice Piero en una de sus canciones, “había un señor que jamás se reía porque de negocios tan sólo entendía”.

El humor es el ámbito más misterioso en el ser humano, que Simund Freud, en 1905, publicó su ensayo “El chiste y su relación con el inconsciente”. A veces alguien cuando va a decir un chiste suele recomendar que, para reír, después de escucharlo, lo digieran bien y así puedan entenderlo. Es decir que esa persona narra chistes inteligentes para hacer reír en serio.

Así como en la televisión emitían “Zoociedad” y “Sábados felices”, en los años setenta en la radio, simultáneamente los medios días emitieron “Las aventuras de Montecristo” y a Heber Castro, cada cual, en una cadena, Guillermo Zuluaga con sus chistes flojos y el humorista chileno con humor social. Jaime Garzón fue en el siglo XX el gran pensador contra la injusticia, que les reservó el paredón de la risa a corruptos y opresores.

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