Siempre saluda con amable sonrisa que, bajo su pulido bigote, alumbra el mundo. Bromea con finura, da la bienvenida a quienes invita a su apartamento a disfrutar de sus deliciosas viandas, que cada día saben mejor.
Político en retiro, pero vigente. Agudo en el análisis. Teoriza alrededor de temas varios con solvencia. Conocedor de historia del arte, de historia universal, del derecho penal, de tangos que entona afiebradamente y al concluir explica quién canta, por qué compuso esa melodía, y ahonda en ese mundo musical con maestría. Adora al “morocho del abasto”, y repite un tango titulado “el viejo esmoquin” con esa emoción de escucharlo por vez primera.
Escritor consumado. Por sus manos ha pasado la vida de Nariño y Miranda, Córdova, Sucre, como también la mitología griega, la historia de Cali, la poesía a la que canta cada día. Algunas de sus obras se encuentran en la biblioteca virtual Cervantes.
Ha sabido cultivar amigos, orienta en el momento en que se le pide, lo hace con cautela y como humanista. Visita el café Gardel (de nuevo el “zorzal criollo”) y allí, hace tertulia.
Me dolió que en pasados días fue su cumpleaños y se me pasó por alto, por la barahúnda, y al día siguiente, me llama y dice: “a su señoría se le olvidó que ayer estuve de cumpleaños”. Aquí mis líneas de desagravio y de afecto, querido Armando.
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