Le escribo a Manolo

Hernando Giraldo Duque

La literatura, la poesía, el cuento, las narraciones culturales han sido fecundas para demostrar todo lo bello de la naturaleza con relación a los nietos y los abuelos, algún filósofo escribió que: “La cereza es el postre de la vida”, refiriéndose específicamente a esa etapa del adulto mayor en su condición de abuelo. Recientemente el escritor y sociólogo Alfredo Molano, ya fallecido, escribió un libro lindo y bello como la luna, “Carta a Antonia”, lo recomiendo por sus enseñanzas de vida.

Así que mi propósito es decirle a Manolo, mi nieto, que apenas tiene 15 días de nacido , que ha llegado a la vida en una coyuntura de pandemia, pero que está creciendo en un país muy lindo, lleno de páramos, nacimientos de aguas, senderos, fauna y flora y dos mares majestuosos, donde la mejor lisonja es el mar.

Manolito, leerás muchos cuentos infantiles con la ayuda de tus papás, que son bellos, y tus abuelos, tu cerebro será el estadio de muchas ideas grandes para el país, para tus amigos y tu familia que te aman perennemente. Tu vida desde ya es tan hermosa, que descubrirás un mundo mágico, y que Dios lo determine así, sacarás tiempo para amar a los seres humanos, para ayudar a los más necesitados.

Manolito, te quiero contar, la naturaleza y Dios nos dan hijos, nos conceden nietos, pero todo se va en esta vida; parodiando al poeta Neruda, “Se va la que nos meció en la cuna”. Por eso es tan importante quererte y amarte hasta el final de nuestras vidas y, personalmente, con la venia de mis lectores, lo único que me voy a llevar a la última morada es el amor infinito a mis nietos, mi esposa y mis hijos.

Tú tienes un reto con los de tu generación, no ser indiferente con relación a la vida, tratar de conservar el planeta, ser un hombre muy positivo y, desde luego, ser muy espiritual. Vas a recibir una educación de calidad y vas a ser una persona que le va a aportar cosas positivas a la sociedad. Manolito allí estaremos tus padres, tus abuelos y tu familia, acompañándote por el camino de la vida, puliéndote como un gran hombre con fe y esperanza.

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