Me estoy refiriendo a la barriada, con teatros, ambientes festivos, tiendas, lecherías, la jugada de pelota en la calle, el grito del ciclista que pasaba vendiendo “panocha”, el baile de la pachanga y la charanga, la mota de los jóvenes de ayer, sus “burdeles festivos”, la tertulia hasta media noche con los amigos, los domingos del Séptimo cielo. En la 19 con 20 vendían el caldo peligroso, por ese sector, básicamente había un restaurante que desapareció “la Aurora”, se comía una torta de sesos magnífica. Los restaurantes Caribe y Santa Rosa quedaban por la Once, y a pesar de ubicarse en un sector popular, esos establecimientos tenían meseros uniformados, y un almuercito eran 10 platos los que se servían a la mesa. El Caribe vendía una lengua a la criolla espectacular.
En teatros cerca a los barrios populares encontrábamos por ejemplo: el teatro María Luisa, el teatro Ángel, que dicho sea de paso colocaban en el receso el disco “El limoncito”, y los muchachos de entonces se escondían debajo de las butacas para repetir las películas, y había un gordo que revisaba en los intermedios y frustraba a los que se querían colar. En la 10 existió el Ayacucho, el teatro Sucre, ya en la primera encontramos el cine Avenida.
Se practicaba una especie de ritual, los jóvenes asistían a su tenida musical desde las dos de la tarde en el grill San Nicolás o en el Séptimo cielo, pero hacia las 10:00 PM, era impajaritable comerse una chuleta con maduro y un vaso con leche en el restaurante El Despiste. O en el popular Bochinche. En la galería del Calvario en un sótano funcionaba el teatro Cali, presentaban tres películas diariamente. Cali estaba llena de barcitos, Aquí es Miguel, que quedaba por la 15, música bohemia, sones, rancheras, y la música de los tríos, especialmente Los Cuyos, el Conjunto América, Olimpo Cárdenas, Julio Jaramillo, entre otros.
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