En medio de la discusión de la ley de financiamiento se conoció que en bancos hay $20 billones de regalías no ejecutados. Una situación similar vive Cali.
Al momento de discutir el presupuesto del 2019, en el Concejo se dió a conocer la baja ejecución de algunas dependencias. Ambas situaciones conducen a lo mismo.
Se proyectan acciones, con base en ellas se planean los ingresos y después los recursos no se invierten. La condición no es nueva, sistemáticamente la historia es la misma.
Este asunto es patético desde todo punto de vista. Primero, a los ciudadanos nos cobran más impuestos, recursos que el Estado no tiene capacidad de ejecutar.
Segundo, hay necesidades que no se cubren habiendo los recursos. La otra discusión es la priorización de los recursos.
Los ciudadanos tenemos la “percepción” de que las administraciones malgastan en términos de costo y de pertinencia de lo contratado.
En ese sentido, los gobiernos deben hacer más esfuerzos para socializar sus planes, avanzar en los presupuestos participativos y en la transparencia de la contratación.
Igualmente, los ciudadanos debemos interesarnos en los mismos y participar. Ejemplo, yo vivo en la comuna 19, muy cerca del caño de la 50.
No entiendo y me parece inoficiosa la cerca que le están poniendo al separador.
¿Era prioritaria?, ¿Cuánto costó?, ¿el barrio no tenía otras necesidades más urgentes? Reconozco que no es el momento de interesarme en el tema pero a su vez nadie me invitó a participar.
¿Cómo salimos de este círculo vicioso y encontramos un camino que nos permita construir la sociedad que deseamos y podemos costear?
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